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Full text of "El fanatismo druida, o, La sacerdotisa : drama en tres actos, en verso suelto"

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FANATISMO DRUIDA 

ó 

DRAMA EN TRES ACTOS 

EN VERSO SUELTO 

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Imprenta de A. Damiron. 



1839. 



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GOBERNADOR SUPERIOR I'OLÍTICO DE 
LA PROVINCIA. 

e/(^aao Jaler a/ce e¿ t/'r. ,^ea/'o <^. 
(ICC wcu/ilio de /¿a/i?'ejeít/aí¿o a?i/e 7n¿j 
fecui/?nanc¿o ei c/c/'ec/io ííxcuiJivo /la/f'a 
/iiwucar 71, q.f^enc¿er i¿?t ^"^^ama c/t ¿raj 
ac/od c/e díc /¿ro/icecíac/^ ccciio /láito A ce 
c/e/iod¿¿ac¿o n^ CJ co/no Jcaue (o¿ t^^a- 
na/éjmo ^7%¿¿aa o}z.cc t/acercMuaj 
71- aue /¿a/'¿cncío/i/'ej/ado e¿u¿í^a/jnc7t/o 
-reauerccloj ¿o /íona^ Aor ¿a /¿i'ejeji¿e 
en /lodcJíorc de¿/¿7'iiUe-aío ai¿e co7ice' 
c/e /ci /cu (/e -/j c/e ^yé/^'c/ c/e ojíe 
Árcjen/e miOj do/?'e/t/'a/¿¿ec/c¿c¿ c/e ¿cirí 
Árocmccí077Cd /c/ercifíaJj /c/kcíic/o fie- 



60S969 



(¿o e¿\)oío /iií¿'ucarj vejuler ?/- c/uiófi- 

l'/ur (ác/ia a/rra /wr e¿ ¿¿em/w cíe J¿i 

■v¿(Mj f/y coloree a?^0£f íicj/i/ícj (¿e J(c 

77ius?^í^ej e/^ eí cojo ¿le dt^ar vi/cda o 

ÁíioJ en ravor de aaaeuaj o ej/od 

óem/ft íaj /eueJ ane a/rrealci/Jt ícíd 

ÁcrencmJ. ^aclo U Armado de 

1711. ??ia/JtOj Jeluiao con^ e¿ jel'Co de ¿d 

y^a/'emacw?i u -rí^Jidado /¿or eí^¿7i' 

^■aejcrdo tyecre/wrco e/í. (^coracojazS 

de r9&ovtem/'re de /SSa, /o. " i/^ zg. 



LISTA 

©3 IL(DS g:aiEgo ©íSg(g¡ai!IP'J*©!B!2gg 



EN CARACAS. 

Excmo. Señor Presidente de la República 

y Esclarecido Ciudadano José 

Antonio Paez. 
Excmo. Sr. Vicepresidente Carlos Sou- 

blette. 
Señores. Licdo. Diego Bautista Urbaneja. 
General Rafael Urdaneta. 
Dr. José Bracho. 
General Mariano Montilla por 

dos ejemplares. 
Martin Tovar. 
Bartolomé Manrique. 
Cónsul francés Estevan de la 

Palun. 
Dr. Tomas Hernández Sanavria. 
Juan Manuel Cagigal. 
General Francisco Conde. 
Francisco Hernais. 
Feliciano Montenegro. 



SUSCRIPTORES. 



Señores. Francisco de Paula Pardo. 
Licdo. Vicente Mercader. 
Licdo. José Prudencio Lanz. 
Dr. Juan Bautista Carreño. 
Dr. José Manuel García. 
Manuel Felipe de Tovar. 
Juan Nepomuceno Chaves. 
Andrés Julia García. 
José Eduardo Cabrera. 
v' Dr- José Basas de Roger. 

Juan Manuel Manrrique. 
Licdo. Juan Nepomuceno Orta. 
Hermenegildo Esteves. 
Coronel Eduardo Stopford. 
Coronel José Austria. 
Coronel Felipe Esteves. 
Coronel Francisco Molinar. 
Manuel María Urbaneja. 
Dr. José María Vaamonde. 
J osé Ignacio Paz Castillo. 
S. Fernandez. 
Carlos Bello. 
Rafael Baralt. 
Dr. Calixto Madrid. 
Dr. Sulpicio Frias. 



SÜSCRIPTORES. 



Señores. Guillermo Espino. 

Juan Bautista Gaicano. 

Luis Correa. 

José López Villavicencio. 

Vicente Lecuna. 

Licdo. Francisco Javier Yanes 

Licdo Miguel M. de las Casas. 

Mtro. Rafael Acevedo. 

Br. Manuel Echandía. 

Simón Planas. 

Valentin Espinal. 

Eugenio Mendoza. 

Dr. Elias Acosta. 

Licdo. Pablo Arroyo Pichardo. 

Licdo. Pedro Nuñes de Cáceres. 

Br. Estevan Tellería. 

Br. Raimundo Andueza. 

Br. Ramón Perera. 

Br. Miguel María Oraa. 

Manuel Sojo. 

Agustin García. 

José Antonio Carrillo. 

Nicolás D. Delgado. 

Dr. Manuel Paez. 

Mtro. Alejandro Ibarra. 



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SUSCRIPTORES. 



Señores. Elias Tovar. 
Juan Zérega. 
Francisco Michelena. 
Aniceto Rivero. 
Jerónimo Rivas Pacheco. 
Estevan Lorenzo Gil. 
Licdo. Pedro Rafael Peraza. 
Br. Juan José Mendoza. 
Br. Miguel Ángel Malpica. 
Licdo. Ramón Burguillos. 
Vicente Méndez. 
Ignacio J. Chaquert. 
Antonio Mengíbar. 
José Ventura Santana. 
Tomas Hernández. 
Luis Aliaga. 
Vicente de Cabrerizo. 
José Antonio Mosquera. 
Lorenzo Gedler. 

Diego Urbina por dos ejemplares. 
Maximiliano E. de Martin. 
Jesús María de las Casas. 
Celestino Martínez. 
Rafael Malo. 
Ramón Maucó. 



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SUSCRIPTORES. 



Señores. Francisco Hermoso. 
Dr. José Reyes. 
Dr. Medardo Medina. 
Fidel R. y Rivas. 
Dr. Miguel Antonio Gonzales. 
Dr. Miguel Umeres. 
Licdo. Pedro Portero. 
Nicolás Martínez. 
Ramón Irazabal. 
José Santiago Terrero. 
Ramón Hernández. 
Br. Daniel Quintana. 
Br. Joaquin Herrera. 
Br. Hilarión Nadal. 
Remigio Montenegro. 
Florencio Orea. 
Ysidoro Hernández Bello. 
Egidio Trocónis 
Juan José Aguerrevere. 
Olegario Meneses. 
Licdo. José Remigio de Martin. 
Dr. Antonio José Rodrigues. 
Dr. Fernando Básalo. 
Dr. Julián Martínez. 
José Valentin Visval. 



SUSCRIPTORES. 



Señores. Narciso Ramíres hijo. 

Raimundo Rendon Sarmiento. 

Juan José Duran. 

Ramón Lozano, 

Nicolás Veloz. 

Jacinto Gutierres. 

J osé Marcos Tellería. 

Dr. Ramón Guillermo Rodrigues. 

Br. Narciso Fragachan. 

Br. Diego B. Urbaneja hijo. 

Licdo. José María Hurtado. 

Dr. Ygnacio Célis. 

Dr. Nicanor Bolet. 

Manuel de Larrazabal. 

Tomas Trocónis. 

Br. Nicolás García. 

Pedro Márquez. 

Miguel Antonio Portillo. 

Santiago Patino. 

Br. Nicanor Bórges. 
''■■■. V Jerónimo Márquez. 

G. Corser. 

Manuel Castro. 

Francisco L. Méndez. 

Manuel M. Zuluaga. 



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SUSCRIPTORES. 



Señores. Remigio Armas. 

Federico Conde y León. 
Juan José Jimenes. 
Victor M. García. 
José de Jesús Alas. 
Juan Félix Gonzaleg. 
Tomas Antero. 
Claudio Rocha. 
M. A. Yesurun. 
Julián Guadalajara. 
José Francisco Peniches. 
José Dolores Gómez. 
Miguel Torres. 
José Arnal. 
Jesús María Goya. 
Juan Valero. 
Braulio Pagóla. 
Tomas Eduardo. 
Antonio Dias. 
Nicolás Lamas. 
Ildefonso Molero. 
Demetrio Castro. 
Ignacio R. Morales. 
Agustín Laperriere. 
José María Velasquez. 



SUSCn.IPTOB.ES. 



Señores. Henrique Cardozo. 
Telésforo Orea. 
Luis Velasquez. 
José M. Escudero. 
Mariano F. Mora. 
Juan Ignacio Rodrigues. 
Jerónimo G. Blanco. 
J. Alejandro Marines. 
Ignacio Kequena. 
José María Monteverde. 
G. Flínter. 

F. F. Dabadie. 

José Matías Gonzales. 

Domingo Ruiz. 

Víctor Muños. 

Francisco Dias. 

Encarnación Magallanes. 

Juan Ranisay. 

Pedro Toledo. 

Mariano Ascanio. 

Manuel María Betancourt. 

Manuel María Poleo. 

Isidoro Monasterios. 

Militon Peres. 

Antonio Pineda. 



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SUSCRIPTORES. 



Señores. Pedro N. Peres. 

Juan N. Guerrero. 
Juan Benanser. 
José Luis Moreno. 
Manuel Clavo. 
Toribio Ayestaran. 
Santiago Madriz. 
Quintin Rengifo. 
Francisco Javier Osorio. 
Tomas Mu ños. 
José Casanueva. 
Félix Machillanda. 
José Hilario Parra. 
José León Peres. 
Félix Antonio Castro. 
José Portillo. 
Gabriel Monteverde. 
Francisco Avendaño hijo. 
José Manuel Gutierres. 
Francisco Raso. 
Joaquin Félix Caraballo. 
José Aponte. 
Ramón Yradi. 
León Suares. 
Francisco Isquierdo. 



SUSCKIPTORES. 



Señores. Zoilo Escondrillas. 

Francisco Calzadilla. 
Manuel Zulueta. 
Andrés Caballero. 
Juan Meceron. 
Mariano Barboza. 
Rafael Valdez. 
Antonio Frias. 
Peregrino Malcampo. 
F.M. Bigotte. 
E. F. Molowny. 
Narciso Carrera. 
José de Jesús Peoli. 
G. J.Vollmer. 
José María Games. 
J. Delvalle. 

EN LA GUAYRA. 

Estevan Escobar. 
José Martin Landa, 
Juan Acosta. 
Bernardo Rabelo. 
José Gregorio Pino. 
Prudencio Gutierres. 
Juan Rodríguez. 
Francisco B. Hernández. 



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SUSGRIPTORES. 



Señores, J. Benito García. ^ 
V. Gonel. 

José Manuel Mariaca. 
Manuel Garrote. 
M. Delfino. 
1. Oropeza. 
Faustino Rodríguez. 
José María Hernández. 
José Arcay. 
Fernando Hernández. 
Celestino Guerra. 

EN VALENCIA. 

Licdo. Mateo Esteves. 
Licdo. José María Ramires. 
Dr. Pedro José Silva. 
Estranon Blanco. 
Bernardo Escorihuela. 
Diego Escorihuela. 
Licdo. Felipe Sojo. 
Francisco Antonio Acosta. 
Juan Bautista Montenegro. 
José Cacildo Silva. 
Carmelo Fernandez. 
Bartolomé Valdez. 
José Joaquín Altuna. 



STISCRIPTORES. 



EN ORITUCO. 

Señores. Francisco Brito Matamoros. 
Martin Arocha. 
Dionicio Ledesma. 
B. Rivero. 
José María Rubiso. 
Lucio de Alva. 

EN PUERTO-CABELLO. 

José Jove. 
J. M. Pérez. 
Lorenzo Jove. 
Manuel Ayecta. 
A. Torrellar. 
Bonifacio Arteaga. 
R. J. Matos. 

EN MARACAYBO. 

Coronel Miguel Crespo por dos 

ejemplares. 
Antonio López. 
Manuel de Arecha. 
N. R. Casanova. 

EN CORO. 

Dr. José María Tellería, 

EN BARCELONA. , 

' ' Antonio Bdo. Padilla. 



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J¿<)C¿¿rJo 



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(m¿?ia/r. 



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ioMO la literatura es un vasto y ameno campo es- 
maltado de hermosas flores por el cual se pasea el pensamien- 
to del sabio; yo (auncjué no lo soi, pues apenas empiezo 
ahora á dar los primeros pasos en la ilustre carrera de las 
ciencias, ni mi poca capacidad y ningunos conocimientos 
me permitirán jamas aspirar á tan honroso título) idólatra 
de los encantos qne él ofrece á los que lo cultivan, y admiía- 
dor entusiasta de los sabios que tanto lo han embellecido con 
sus producciones, concebí la idea de dedicar á un estudio 
tan útil como agradable los cortos ratos que para el descan- 
so me dejan mis ocupaciones; y posteriormente formé el 
atrevido proyecto de poner en ejecución los pocos princi- 
pios qne había ya aprendido. Tal es el origen del Fana- 
tismo Druida ó la Sacerdotisa, que con temor hov presen- 
to a mis conciudadanos. 

Confieso sin rubor que aterrado al considerar lo grande 
y difícil de la empresa que había meditado, intenté abando- 
narla en el instante mismo en que concebí la idea de su eje- 
cución ; mas como entonces mi ánimo no era que su resul- 
tado viese la luz pública, me reanimé reflexionando qne por 



imperfecto qne fuese me serviría siquiera de ensayo, y según 
he diclio, distraería mis ratos de ocio. 

Estol sumamente convencido de que no he hecho una 
ohra perfecta : de que contiene errores que no he podido 
correjir; pero me lisonjea la esperanza de que cuando no 
merezca la aprobación de mis conciudadanos, tampoco me- 
recerá su vituperio : de qne verán sus defectos con indul- 
gencia en atención á que no se les presenta la obra de un 
Pvacine, de un Voltaire, de un Casimir Delavigne, de un 
jMartinez de la Rosa, ni de ningún otro célebre maestro ; 
sino tan solo el primer ensayo de un mero alumno que no 
posee todavía los vastos conocimientos, ni tiene los años de 
estudio necesarios para formar con exactas proporciones una 
obra de esta naturaleza ; especialmente cuando, dedicado 
desde su niñez al penoso estudio de la jurisprudencia, ape- 
nas ha tenido tiempo para adquirir los primeros principios 
de una ciencia tan estensa y fecunda como la literatura. 

Ll único prennu, la sola gloria á que aspiro es, á que mis 
caros condiscípulos, la estudiosa juventud venezolana que 
tanto abunda en talentos y aplicación, animados con este 
pequeño é imperfecto ensayo, se dediquen á enriquecer 
nuestra patria con este género de producciones en que tanto 
han florecido y florecen las naciones europeas. 

En íln, como sería tener una presunción que está muv le- 
jos de caber en mí, creer que la presente composición tenga 
las bellezas y encantos que necesita un drama para que sn 
ejecución sea capaz de causar en el ánimo de los espectado- 
res la ilusión y tiernas emociones que el autor debe procu- 
rar hacerles esperimeiitar, me conténtale solo con la indul- 



PRELIMINAR. 



gencia de mis conciudadanos á quienes, por último, digo 
con Ovidio, de Tristibus lib. i.» Eleg. 7 , . . . 

Et veniam pro laude peto : laiidatus abunde 
Non fastiditus si tibi, lector, ero. (i) 

(i) Perdón te pido, lector, en vez de alabanzas; bastante elogiado 
me consideraré si consigo no serte molesto. 



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c/¿o ¿J^rac¿ico e?^ /^ ^Sm't^er= 
d^dad Oe?2¿ra¿(/eYco mfjma. 

¿fo. ^. c^c. 

Óeitox 2J c4Üa&)tto. 
e^/ (¿ecücaroj el /¿r¿mer enJc¿iio 



de 



7/¿¿j cot/f/¿auc¿o?tcJ /¿/('/'a'najj no 



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DEDICATORIA. 



/iueao me?iO{f ri^te ií¿eÁuca7'o¿f od clca- 

neíJ ace/¿¿a/í%o C'0?7W ¿ift ¿cJ¿0no?uo 

Jince/'o ele tnc ^'&)/¿e¿^o a im&f/^/'OJ 

cjfiínc/i/eJ 'i}^7'á¿c¿cJ n^ ele a?'a/c/i/d a/^^ 

rfÁí'ecio rifie 7ne (¿¿j/ie?zJa¿j; como 

¿^a?'?i¿'¿c7t a¿J¿/}uiiar ¿od derecíod atoe 

/c7¿afíj co'?U¿cu'/'aJiao atte au¿e/^^ 

oJ ¿o /¿>'CJe7ióa no cj U7i ac/'eac- 

/aao 7tiaGj/7'Oj Ji7io u7t aca77i7io aue 

a ¿¿71. 710 /¿odee u¿J A/'on^¿7tc¿aj 9¿oc¿0' 

7icdj ■7f¿ /¿¿^ r.r/¿e7'¿c7ic¿c¿ n¿ie^ ^'od 

7i¿¿¿ií- ¿'¿€71 da/'eeJj de necid¿/a7¿. /¿a7'c¿ 

(u¿r c¿77ia C07?- /¿c7'/'ecc¿07i a ¿¿7¿a ov'7'a 

(¿e cj/¿¿ c/aJe^ dery¿¿7¿ ¿¿a r/(y,o Gz:á¿¿ej¿0j 

aje¿^¿¿7-a7i¿¿ood r7¿¿e d¿ o¿'¿^c7t¿7,o cí/77¿¿'aj 

codajj r7¿/e¿:¿a7'a7i. d¿¿77ícit7ie7i¿e da/¿^í' 



DEDIC4TORIA. 



pic/ioj ío.J dcjeoí/ cíe 

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petjSonafed. 



TEODORA, Gran Sacerdotisa druida. 
HILDERICO, Príncipe galo. 
TACIO, Sumo Sacerdote druida y padre de 
LARISA. 

PROBO, romano y padre de 
LEONCIO. 
UN OFICIAL galo. 

Comparsa de Druidas, guardias del templo, jefes 
y soldados galos, séquito y pueblo. 

LA ESCENA ES EN LA ANTIGUA LUTECIA. 



El teatro representa un bosque: en el promedio habrá una en- 
cina, y al pié de esta una gran piedra cuadrada con algunas 
manchas de sangre, que figura el altar en que los Drui- 
das hacen los sacrificios á sus Deidades : encima de ella 



se ve un hacha manchada también de sangre; j á ca- 
da lado un banco de piedra. A la derecha de los espec- 
tadores se supone estar la ciudad de Lutecia j a la iz- 
quierda el campo de los romanos. 



La acción empieza al amanecer y concluye por la noche. 



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FANATISMO DRUIDA 



^A ÍA®am: 



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ACTO PRIMERO. 



ESCENA PRIMERA. 

TEODORA T LARIS.\. 
LARISA. 

¿ Hasta cuándo, Teodora idolatrada, 
Tu alma inocente habrá de alimentarse 
Del profundo dolor que te atormenta ? 
Dime ¿ hasta cuándo tus lucientes ojos, 
Por un pesar continuo ya marchitos, 
Libre curso darán al triste llanto 
Que muchas veces enjugar te veo ? 



2 EL FANATISMO DRUIDA. 

Acabe tu aflicción, ó tierna amiga; 
De los Dioses favor divino implora, 
De los Dioses á quienes no es posible 
Rogar en vano, la razón enseña; 
De los Dioses á quienes tantas veces. 
Postrada ante las aras sacrosantas, 
Inciensos mil con tu sagrada mano 
Has elevado hasta el escelso olimpo: 
A ellos acude, y su poder inmenso 
En breve te dará la paz que anhelas; 
No, no lo dudes, mis consejos sigue, 
Y tú verás si la amistad me guia. 



Tiempo hace ¡ Ay ! Larisa que los Dioses 
De mis plegarias el clamor oyeron; 
Mas á mis voces lastimeras, sordos 
Que se hacen ellos por desgracia he visto. 
Muchas veces en medio de las sombras 
y soledad de la callada noche. 
Del arroyo á la mái-gen débil planta 
He dirigido con semblante humilde. 
Blanca lana en sus aguas trasparentes 
Y panales de cera he sumergido: 
Perfumes esquisitos he quemado 
En el sacro brasero ante las aras. 
Que han ascendido á la región divina; 



ACTO I, ESCENA I. 

Mas todo, por mi mal, ha sido inútil, 

Morir sin duda debo, pues ya veo 

Que en mi favor, ni lágrimas, ni ofrendas 

Protección de los Númenes sagrados. 

Ni piadoso mirar alcanzar pueden. 

¡ Ah ! ¿ Qué fuera de mí, ó cara amiga, 

Si en tu amistad consuelos no encontrase ? 

Huérfana y sin parientes, aun ignoro 

Cual mi familia sea; quien yo propia. 

Solo sé que nacida de la Italia 

En los hermosos campos, en la cuna 

Cautiva fui, y conducida luego 

A este lugar de llanto dó Hilderico 

De mí compadecido, generoso, 

En el Santuario de las castas Druidas, 

Procuró con esmero me educasen. 

Al cuidado de estraños entregada. 

Jamas oí de padre el nombre dulce, 

Ni de una madre las caricias tiernas 

Alagaron jamas mi infancia débil. 

Solo tu amor en mí veces ha hecho 

De padres, de parientes y de amigos: 

Por él he disfrutado las delicias 

Que solo un corazón tranquilo goza; 

Y en paz viví hasta que el hado infausto 

Me hizo conocer de Leoncio el nombre. 



EL FANATISMO DRUIDA. 



Aquel aciago dia en que cautivo, 

Y cubierto de heridas penetrantes 
A este pais los galos le trajeron. 

LARISA. 

Cierto es amiga, cuanto me recuerdas: 
Tus penas he sentido muchas veces; 
Mas ya que alivio darte no me es dado, 
Sh'vate de consuelo mi deseo. 
El reposo busquemos á la sombra 
Del sagrado recinto en que vivimos: 
Supliquemos en él á las Deidades 
Que á nosotras su faz propicia muestren ; 

Y preparémonos, ó dulce amiga, 
A celebrar la augusta ceremonia 
Que en este sacro bosque se dispone, 

Y a la cual todos concurrir debemos 

fruido de pisadas J 

¡Mas! ya aquL con el pueblo y el IMonarca 
Mi padre Tacio presuroso llega. 
Recobra tu alegría; no descubran 
En tus llorosos ojos tus pesares. 
ESCENA IL 

TEODOKA, LAraSA, mV^^^V^lCO , TP^CTO Y COmpüT SU dc 

Druidas, jefes, guerreros galos y pueblo. 

TACIO. 

f Colocándose al pié de la enciiia.J 

Ha llegado por fin la fausta hom, 



ACTO I, ESCEXA II. 



Nobles guerreros, que esperáis ansiosos: 
De nuestra libertad la ocasión grata 
Ya se presenta: las cadenas duras 
Que nuestros brazos con baldón oprimen 
Hora es ya de romper y sacudirlas: 
Ellas van á caer, os lo aseguro 
En nombre de los Dioses; escuchadme. 
El escelso Thuiston con denso velo 
Nuestros proyectos atrevidos cubre; 

Y del fondo de la áspera Germania 
A la orilla del Sena caudaloso 

Y á la cima del Alpe cano y frió 

De independencia el estandarte ondea. 
No tan lejos están aquellos tiempos 
De nuestra dicha y libertad pasadas, 
Que en nuestros pechos apagado se halle 
El sacrosanto fuego de la gloria: 
Que nuestros corazones no palpiten 
De amable libertad al nombre augusto; 

Y que estinguido ya se encuentre en ellos 
El patriótico afán de ver la Galia 

A la par de los pueblos soberanos. 
Primero morir todos que al vil yugo 
De esa Roma soberbia ser imcidos. 
He visto bien de cerca el Capitolio, 
Alcázar fuerte que orgulloso ostenta 



EL FA?{ATISMO DRUIDA. 



De los romanos el poder altivo, 
Cuando á la margen del profundo Tíber 
Fui conducido por tiranos crueles: 
Lo he visto sin temblar y desde entonces 
De entusiasmo sagrado arrebatado, 
Odio implacalile respirando solo, 
Guerra y venganza á sus feroces dueños 
Para siempre juré; y llegó el dia 
De cumplir juramento tan solemne. 
Todos perezcan sin piedad alguna, 
Insignes descendientes del Gran Breno, 
Sus cabezas sangrientas vuestras picas 
Que levantadas por el aire lleven, 
Cual otras veces vuestros nobles padres 
Con heroico valor y gloria hicieron. 
Vuestros Dioses vengad, galos ilustres, 
Vuestros Dioses proscriptos con insulto, 
Vuestros santos altares abatidos 
Y sus dignos ministros ultrajados. 
¿Por ventura Tseron, aquese monstruo 
Que, cruel, de humana sangre se alimenta, 
Respeto alguno á nuestras caras vidas 
Tener querrá? No; él, cual fiero tigre, 
De Tiberio los planes destructores 
, Pretende ejecutar; sí, ya se apresta 
i A empezar de la patria el sacrificio, 



ACTO I, ESCEJÍA II. 

Del altar los ministros inmolando, 
Para estorbo no hallar á sus intentos. 
Tirana Roma guerra nos fulmina, 
Ansiosa de beber la gala sangre, 
Y con ella apagar la sed rabiosa 
Con tanta que ha vertido aun no aplacada 
En los pasados choques y conflictos. 
Mirad, cual nuestros campos sus legiones 
Furibundas inundan y mil muertes, 
Incendios nos anuncian y destrozos. 
¡ Qué ! ¿ Y sucumbiréis cobardes ? Nunca. 
Recordad de esa Roma la injusticia, 
La doble traición, la astucia v trama 
Con que otro tiempo engañó á los Galos; 
Estos sangrientos sitios os lo dicen. 
Volved los ojos y veréis no lejos 
El funesto lugar dó muerte horrenda 
Hallaron traicionados nuestros padres 
Bajo el puñal de César victorioso. 
Tended la vista hacia el talado campo 
En que de Isis el suntuoso temjjlo 
Envuelto en ruinas sin respeto ha sido; 
Y si tantas afrentas olvidadas 
Ya vosotros tenéis, ved igualmente 
Esos muros soberbios que aun ostentan 
De verde nuisgo sus cubiertas ruinas 



I» 



• • 



EL FANATISMO DRUIDA. 



A la falda del monte Leucoticio. 
Allí reposan nuestros ascendientes; 
Mirad sus tristes sombras que insepultas 
Errantes vagan, esperando ansiosas 
A otros campeones, que con fuerte brazo 
Sus niales venguen, alcanzar la vida. 
Vedlas allí como luciente espada. 
Dirigiéndola á Roma, ellas os muestran; 
La senda que os señalan seguid presto, 

Y completa será vuesti'a victoria. 

Y vos Señor universal, del rayo 
Dueño, Dios de la Galia formidable, 
Heso terrible; y vosotros todos 

G genios tutelares de la patria, 
Escuchad de este pueblo los clamores 

Y aceptad su tremendo juramento. 
Juramos por vosotros, por los manes 

De nuestros caros padres que en la tumba 
Víctimas yacen de traición horrenda, 
Vuestro culto vengar, vuestros altares; 

Y que la sangre del primer romano 
Que en poder nuestro la fortuna ponga 
Regará de esta encina las raices. 

¡ ¡ Ojalá que esta ofrenda en nuestra ayuda 
i Logre armar vuestro brazo poderoso ! 
Oid propicios del pueblo el eco altivo. 



ACTO I, ESCENA II. 



El eco que repite mis palabras: 

¡Odio implacable, muerte á los romanos! 

[Todos repiten "Odio implacable, muerte a los 
romanos" haciéndolo larisa ew voz muy baja; 
escepto TEODORA que esta como absorta en una 
profunda meditación; y advirtiéndolo tacio des- 
pués de una corta pausa, continua. ) 

¡ O sorpresa ! ¡ Qué miro ! . . . ¡ Hacer duda 

Una sacerdotisa el juramento ! 

¿ Será tan criminal que interés tome 

En favor de unos pérfidos tiranos ? 

Pero no; yo me engaño, di Teodora. 

TEOnORA. 

(Después de un momento de turbación y con dignidad. J 

¿ Puedo acaso olvidar que en ese pueblo 

La luz primera de la vida he visto ? 

¿ Que entre él mis deudos y mi padre habitan ? 

¿ Que mis hermanos son los mismos seres 

Cuya funesta ruina habéis jurado 

En este propio instante? Imposible: 

Nunca lo olvidaré, ni vos tampoco 

Poder tenéis bastante á obligarme 

Forme en su daño votos parricidas. 

Patentes veis, señor, mis sentimientos. 

f A Hilderico.J 
Y tú Principe digno que mi apoyo 



EL FANATISMO DRUIDA. 



Y generoso protector has sido, 
Desde el sangriento dia en que cautiva 
Por tus guerreros fui; desde el instante, 
Aciago para mi, en que cruelmente 
Del seno maternal arrebatada, 
A sus tiernas caricias me robaron: 
Que, cuando tus legiones persiguiendo 
Hasta los muros de Lugdúnum fuerte 
Al cruel Procónsul que la Galia fértil, 
Cual león furioso, sin piedad talaba. 
La tuviste de mi; á tu regazo, 
Cual tierno padre, compasivo criaste; 
Al favor de los Dioses me pusiste, 
De esos Dioses á quienes desde niña 
Sirvo üel á su culto dedicada; 
¿ Podrás acaso permitir ahora 
De nú se exija un negro parricidio? 
¿ Será posible que inhumano dejes 
A tu huérfana pobre abandonada ? 



HILDE:Vtl.O. 



fjdelantándose á tacio que va Á contestar Á ti.odop.aJ 

Evitemos, ó Tacio, á esta infelice, 

Por compasión, conflicto tan penoso. 

Entre nosotros criada, nuestros Dioses, 

Nuestros usos y leyes reverencia: 

?ío exijamos mas de ella, ni ¿Qué importa 



ACTO I, ESCENA ir. 



It 



De una débil mujer el juramento 

A nuestra justa y santa causa ? Nada. 

Lo que necesitamos son campeones 

Que empuñen el acero formidable, 

Y que arrostrando impávidos la muerte, 

Para siempre destruyan los tiranos. 

Nobles, ilustres hijos de la Galia, 

El eco pavoroso ya retumba 

De la guerra feroz: en torno suyo 

La patria os llama, su peligro es nuestro, 

Defenderla ó morir es necesario. 

Mirad no lejos en la opuesta orilla 

Del rio caudaloso que nos cerca, 

De Nerón las legiones vengadoras 

Acampadas al frente de nosotros; 

Derrocar anhelando nuestro imperio. 

Sangrientas amagar nuestra existencia 

Y amenazarnos con el yugo infame. 
Tomad vuestros caballos, vuestras armas, 

Y á marchar al combate prevenios. 
A vencer ó morir seguidme osados. 
Con fervoroso grito repitiendo 
¡Independencia, libertad ó muerte! 

f Los guerreros, los Druidas j el pueblo repiten "Inde- 
pendencia, libertad ó muerte''' y siguen á hii,de!\icu 
y á TAcro que se retiran por el lado de la ciudad, teo- 



12 EL FANATISMO DRUIDA. 



DORA apoyada en el brazo de Larisa va detras con paso 
lento; j al ir ja á desaparecer, leoncio, que está octdto 
en el bosque al lado opuesto, sale velozmente y en 
tono de reconvención dice el primer verso. J 

ESCENA III. 

TEODORA, LARISA Y LEONCIO. 

LEONCIO. 

¡ Odio implacable, muerte á los romanos ! 
No te alejes, Teodora idolatrada, 
Un instante concédeme siquiera. 

TEOOORA. 

fDeteniéndose y viendo á Leoncio J 

¡ Que dulce voz ! ¡ O dicha ! ¡ Es mi Leoncio! 

LARfSA. 

f Conteniendo d Teodora. J 

i Benijj'nos Dioses ! ¡ Qué cruel conflicto ! 
Corramos, cara amiga; tu amor vence ; 
Pues su vida peligra si un instante 
Nuestra marcha siquiera detenemos. 

(A LEONCIO.^ 

Y tú desventurado, no nos sigas: 
Huye lejos de aquí ó eres perdido. 

LEONCIO. 

¡ Qué dices ! ¡ Que yo huya ! ¡ Ah ! no, nunca. 
Antes morir rail veces que tal sea. 



ACTO I, ESCENA III. 



l3 



CPoiie lina rodilla en tierra, tomando la mano de Teo- 
dora que opone una débil resistencia^J 

Aguárdate, mi bien, deten el paso: 
Importa que me escuches un momento, 
O los dos perecemos sin recurso. 

LARISA. 

(Procurando llevarse á Teodora.^ 

Vamos, Teodora, el tiempo es muy precioso. 

LEONCIO. 

No mi intento, Larisa, contradigas, 
O en este sitio mismo, despechado, 
Me hallarán, te lo juro, mis verdugos. 
Teodora, dueño mió, si me amas. 
De tu afecto si quieres que no dude, 
Si postrado á tus pies muerte espantosa 
No quieres verme dar con este acero, 
O que siga tus pasos, sin que pueda 
Ningún peligro detenerme, escucha 
De tu amante la voz un breve instante. 

TEODORA. 

(Desprendiéndose de larisa á quien dice los dos primeros 
versos, j arrojándose en los brazos de leoiício que se 
levanta velozmente. J 

Yo no puedo, Larisa, en vano, en vano 
La reflexión contra el amor me habla. 
Leoncio adorado, tuya soi por siempre..... 



i 



i4 



EL FANATISMO DRUIDA. 



Y pues te vuelvo á ver, ó Leoncio mío, 
Piedad de mí los Dioses ya tuvieron. 
Este solo momento me compensa 
Las angustias, las penas horrorosas 
Que mi pecho amoroso han desgarrado. 
Dichosa me contemplo ; mas te ruego 
Te alejes prontamente de este bosque: 
La vida perderás, si á conocerte 
Acaso llega Tacio. 

LEONCIO. 

Nada temas, 
Tranquiliza tu espíritu, bien mío 

fMira á codas partes como para asegurarse de que están 
solos.) 

A este lugar ninguno se dirige 

Un profundo silencio nos circunda; 
Y es evidente que se encuentran lejos. 
Estos galos ropajes que me cubren 
Al abrigo me ponen de sus iras. 

TEODORA. 

No te espongas así, dueño querido : 
Si es cierto que me amas; que te vayas 
De nuevo te supUco, te lo ordeno. 

LEONCtO. 

¿ Si te amo ?. . . .¿ Lo dudas ?. . . . ¡ Ah ! te adoro, 
Es veraz el amor que te he jurado. 



«4 



ACTO I, ESCENA III. 



Ardiente, inalterable, siempre puro, 
Aunque de ver tu rostro mas. hermoso 
Que en la azulada esfera el sol naciente, 
De oir tu dulce voz privado me hayan 
De cruel ausencia dos amargos años. 
¡ Qué horrorosos tormentos, qué suplicios 
He sufrido, mi bien, en esta ausencia, 

Y aun despedazan mi constante pecho ! 
Juzga, si puedes, cual será mi angustia, 
Al verte, mi querida, amenazada 

Y próxima tal vez á confundirte 
En la ruina espantosa de Lutecia, 
Que Roma ha decretado inexorable; 
Pues la legión romana que comando 

Y del Sena á la orilla está acampada, 
Sedienta de venganza solo aspira 

A sepultar debajo sus escombros 
La humillante memoria, vergonzosa 
De la horrible derrota que sufriera. 



TEODOP>A. 



Mas ¿ cómo, y con qué intento en este sitio 
De nadie sin ser visto penetraste? 

LEONCIO. 

Pronto vas á saberlo. No jiudiendo 
Resistir de la ausencia la aniarínu'a. 
De abrazarte las ansias que tenia 



1 6 EL FANATISMO DRUIDA. 

Después que separado por dos años 
De ti, mi bien amado, me encontraba, 
Atropello por todos los peligros 
Para salvarte del estrago horrendo 
Que á tu misera patria ya rodea, 
Y conservar tu vida tan preciosa : 
Mostrarte de mi pecho los arcanos. 
De este pecho que tierno te idolatra: 
Despedirme de ti por si en la lucha 
Las parcas cortan de mi vida el hilo: 
Entre tus brazos el adiós postrero 
Quizá decirte; y tu bella imagen 
Por escudo llevar que me defienda: 
Jurarte, sí, jurarte, prenda mia, 
Que el suspiro final que moribundo, 
Al salir de mi cuerpo exhale el alma 
Invocará tu nombre idolatrado; 
Y que tu dicha al Dios omnipotente 
Suplicaré desde el escelso Cielo. 

TEODORA. 

Por nuestro amor te ruego no me aflijas 
Con presajios tan crueles y espantosos. 

LEONCIO. 

Atenta escúchame, verás si te amo: 

]No pudiendo encontrar quien en la tierra 

A mi tormento diera algún alivio, 






ACTO I, ESCENA III. 



17 



Pedílo al Ser piadoso á quien adoro: 
El me inspiró; benigno guió mi planta. 
Al punto que del padre de los astros 
Los rayos refulgentes se escondieron, 
Su manto desplegando las tinieblas, 
Mi campo abandoné por pocas horas ; 
(Y pude sin vergüenza abandónatelo 
Pues nada anuncia un próximo combate. 
Un amigo sincero, confidente 
Muy digno y fiel de todos mis designios, 
A la orilla del rio acompañóme: 
Allí dejo mi casco y armadura. 
En su lugar tomando estos ropajes: 
Presuroso de Ausonio me separo; 

Y arrojándome al cauce, cuatro veces 
Obligado me vi la vigilancia 

A engañar de los galos centinelas 
Que esta margen guardaban; y confieso 
Temí morir en medio de las ondas 
Sin que al menos lograse haberte visto; 
El Cielo empei'o sobre mí velaba; 
Al fin pude tocar aquesta orilla 

Y al favor de las sombras llegué á salvo. 
Gozoso me introduje en este bosque. 
Antes testigo fiel y silencioso 

De nuestros amorosos pensamientos. 



EL FANATISMO DRUIDA. 



Al reflejo primero de la aurora 

En él me interno; llego hasta este sitio; 

Mas ¡ Cuál fué mi sorpresa, mis temores, 

Al ver á Tacio que arengaba al pueblo ! 

Oculto permanezco, mi alma altiva 

Al fiero juramento se resiente 

Que, cruel, á todos pronunciar les hizo, 

Y repetir tú sola resististe. 
Castigarle intenté; mas me contuvo 
Pensar que con mi arrojo te perdía, 
Pues no dudaba que por mí temblando, 
Prestar el juramento reusaste. 

Este rasgo de amor, este recuerdo 
Que guardabas de mí, enagenada 
De amante gratitud mi alma dejaron; 

Y á Tacio despreciando y sus ultrajes, 
De ti, mi bien, de ti me ocupé solo. 
Anhelando el momento placentero 
Que en amorosos lazos, mi ventura 
Hacerte conocer me fuese dado. 

Lo lie conseguido mas ¿ La cara vuelves ? 

¿ Suspiras ? ¡ Qué ! Cual yo no eres felice i* 

TEODORA. 

Sí, lo soi; mas ya en mí no ven tus ojos 
Sino la sombra de tu fiel Teodora. 
Mi corazón tan fuerte para amarte. 



ACTO I, ESCENA III. 



19 



Tan dura ausencia soportar no pudo. 
¡ Cuan acerbas han sido sus angustias ! 
Apenas de ventura muchos años 
Bastantes fueran á curar su lierida. 
¡ Con cuanta lentitud el sol llegaba 
De su carrera al término anhelado ! 
¡ Y cuantas veces el fimal del templo 
Que á nuestro amor de mudo confidente 
Sei-vido había poco tiempo antes, 
Con mano trémula encendí; mas nunca 
Respuesta alguna mi señal tenía ! 

Y al ver así burlados mis deseos, 
Cerrado el corazón, el alma opresa, 
A mi albergue sin vida retornaba, 
Dó, libre curso dando al tierno llanto, 
Buscaba en valde alivio á mis afanes 

Y á las penas crueles de tu ausencia. 
Si del sueño lograba las dulzuras, 
Espectros horrorosos á mi mente 

De tropel se agolpaban; y el delirio, 
Doblando entre las sombras mis terrores, 
Te mostraba á mi vista moribundo, 

Y de Teodora repitiendo el nombre 
Al exhalar el postrimer suspiro. 
Entonces á los Dioses yo pedía 
Que la tranquilidad me devolviesen ; 



EL FANATISMO DRUIDA. 



Mas vanos mis clamores fueron, sordos 
Siempre á mis i'uegos se mostraron ellos. 

LEONCIO. 

¡ A tus Dioses, Teodora ! Nunca el mió 
De un infeliz las lágrimas desecha. 
A ti me ha dirigido : él te llama 
A sus altares: á tu entendimiento 
El benigno se ofrece ; no rehuses 
De su piedad aquesta luz divina. 

TEODORA. 

¿ Y cual es ese Dios de quien me hablas ? 

LEONCIO. 

El verdadero Dios Omnipotente, 

El Supremo Hacedor del Universo, 

El Dios que ama y perdona. Soi Cristiano. 

TEODORA. 

¡ Qué oigo, Cielos ! Qué nuevo peligro ! 
fSe reclina en el seno de i.arisa.J 

LEONCIO. 

Es una gloria eterna, dulce amiga, 

Y previstos ya tengo aquesos fieros, 
Espantosos peligros que te aterran . 

A cambiar va la faz actual del mundo. 
Caerán todos los ídolos muy pronto, 

Y empezará de la verdad el reino. 

¡ Ah, querida Teodora ! ¡ Si á mi padre 



ACTO I, ESCENA III. 



21 



Por sostener de Cristo la fé santa, 

Del hombre Dios que por salvar al hombre 

Enclavado en la Cruz vertió su sangre, 

Despreciar el martirio hubieras visto 

Con semblante sereno y majestuoso ! 

j Si visto hubieras á ese fiel romano. 

Digno por cierto de la antigua patria, 

Llenar de admiración con su entereza 

A esa Roma dó ejemplo tantas veces 

De rígidas virtudes dio severo ! 

A su heroico valor se estremecían 

Los sangrientos verdugos que feroces 

En sus carnes cual tigres se cebaban. 

Horrorosos suplicios inventando. 

¡ Qué dignidad ! ¡ Qué calma imperturbable i 

¡ Qué semblante ostentaba tan glorioso, 

Sufriendo sin quejarse atroz martirio 

Con celeste y divina fortaleza, 

Hasta dejar cansados los verdugos 

Que aterrados al ver que inútilmente 

Tantos tormentos padecer le hacian, 

La vida le dejaron, adorando 

Al Ser Omnipotente que ultrajaljan, 

A su culto divino convertidos ! 

¡ Oh qué grande es el Dios de los Cristianos ! 

Tu corazón es dií^no de adorarle: 



EL FANATISMO DRUIDA. 



Este Dios paternal, este Dios bueno 
Sin duda te inspiró que generosa 
De la muerte á las garras me arrancaras, 
Cuando herido y cautivo tus encantos 
Por la primera vez mis ojos vieron. 
El te vuelve á mis brazos amorosos ; 
Y él nuestra unión bendecirá propicio. 
De esta mansión huyamos sin tardanza. 

TEODORA. 

C Separándose del seno de larisa. J 

Me admira, Leoncio, cuanto me revelas: 

De ese tu Dios el nombi^e y culto ignoro ; 

Pero bien creo lo que de él afirmas, 

Aunque confusa mi i'azon [ruido de pisadas.) 

LARISA. fAterrada.J 

¡ O Dioses ! 
Mi padre viene ! Somos ya perdidos. 

LEOWCIO. 

Nada temáis, que su poder es vano 
Contra el amor y el Dios que adoro 

ESCENA IV. 
LEONCIO, TEODORA, LARISA, TACio, Diuidas j guar- 
dias del templo por el fondo, derecha é izquier- 
da. 

TACIO. 

Dime, 
Atrevido mortal ¿ En este bosque 



ACTO I, ESCENA IV. 



23 



Cómo tus pasos detener osaste, 
Estando en él la Gran Sacerdotisa ? 
¿Ignoras por ventura que la muerte, 
Muerte la mas feroz y mas horrenda 
Servir debe á tu crimen de castigo ? 
¿ De las Deidades la tremenda ira 
Provocar, insensato, no temiste ? 
No dispongas tu labio mentiroso 
A disculpar tu arrrojo temerario; 
Conozco tus infames intenciones ; 
Tu depravado fin pronto declara. 
¿ Pudo caber en ti tanta osadía ? 



¡ Fanático impostor ! ¿ Y qué derecho, " 
Qué autoridad es la que en ti reside 

Para ultrajarme así ? Esas preguntas 

Solo desprecio por respuesta tienen. 

TACIO. 
fá TEODORA J' LARrSAy) 

¡ Qué oigo ! ¿Quien es, decid, este blasfemo ?. 



Hablad.... ¿No respondéis?.... Presto alejaos, 
O haré que vuestras vidas estermine 
De Táranis el rayo formidable. 

(Vanse sobrecogidas, hechando sobre leoncio una mirada 
mezclada de ternura y de temor. J 



24 



EL FANATISMO DRUIDA. 



ESCENA V. 

LEONCIO, TACio, Druidüs j guarcUas . 

TACIO. 

Y tú tiembla, sacrilego romano 

A quien de lejos vi por mi ventura, 

Y que serás sin duda el vil espía 

Que en nuestro campamento se introdujo, 

Y persigue mi celo sin descanso. 

]Mi odio tu acento reconoce ; ¡ infame ! 
De tus palabi'as la insolencia altiva 
Tu criminal secreto me revela. 

LEONCIO. 

¿ Mi secreto ? Te engañas, no lo sabes; 
Ni eres digno tampoco de sabei'lo. 
De tus Dioses el rayo desafío, 

Y de ti su ministro sanguinario 

El furor infernal, para que vengan 
A arrancarlo del fondo de nii pecho; 
Pero ya tu presencia me es odiosa. 
¿Hacer de mí, qué intentas ? 

TACIO. 

Inmolarte, ' 

Y ofrecer á los Númenes hoy mismo 
Tu sacrilega sangre en holocausto 



Para aplacar su cólera divina; 
Mas antes el motivo saber quiero 



ACTO I, ESCENA V. 



25 



Que á este sitio sagrado te condujo, 

Y si cómplices hay de tu delito. 

Traidor, inicuo agente de romanos, 

¿ A cohechar nuestros guerreros vienes ? 

¿ De nuestros padres el divino culto 

Quieres acaso trastornar, impío ? 

¿ De la Sacerdotisa la fé sacra 

Con tus palabras profanar osaste ? 

Pues de mi labio tu sentencia escucha. 

Te esperan los suplicios mas atroces : 

En ellos espiarás tu crimen. Druidas, 

Llevad á este sacrilego romano M 

Del templo á las bóvedas profundas: 

Los Dioses esta víctima nos piden, ' 

Esta es la sangre pi-ometida; y pronto 

Regará de esta encina las raices. 

Conducidle. 

fLos Druidas j guardias se apoderan de él, apesar de que 

quiere hacer resistencia llevando la mano á la espada 

que no le dan tiempo de sacar. J 

I.EOKCIÜ. 

No temo tus rencores, 
Ni la muerte tampoco me amedrenta; 
Que un alma noble, cual mi pecho abriga, 
Nunca supo temblar en los peligros. 

Fin del primer acto. 



# 



*iw 



I» 



ACTO II, ESCE5A I. 



ACTO SEGL?sDO. 



ESCENA I. 

TEODORA Y LAR ISA. 



f Al suspenderse el telón sale itlotíokk precipitadamente por 
el lado de la cuidad, como que va á alcanzar á hilue- 
Rico que se supone ha marchado al candíate; y viendo 
que ya se lia alejado, se detiene y vuelve hacia larisa 
que la sigue á corta distancia. Se oye por el lado del 
campo, y como lejos, el sonido de trompas guerreras. J 



TEODORA. 



Generoso y benéfico Hilderico, 

Deten el paso, escucha mis clamores 

Esfuerzo inútil rápido se aleja: 

Una nube de polvo solo veo, 

Y cercano quizas está el combate — 
¡ Infelice de mí ! ¡ Desventurada ! 

¿Y Leoncio morirá, sin cpie Hilderico 

Término dar á mi tormento pueda? 

¡ Que horroroso suplicio ! A vos invoco, 

Ó Dioses Sacrosantos, en su amparo 

Mas vanas son mis súplicas humildes, 
Que mil veces mis ruegos hais oido 

Y siempre fuisteis sordos á mis voces. 



Mi 



a8 



EL FANATISMO DRUIDA. 



i Ah Larisa, Larisa ! ¿ Quién con&iielo 
A mis penas dará ? 

LARISA. 

La amistad dulce, 
Ese vinculo tierno de la vida, 
Ese don de los Dioses que otras veces 
De tu amargo penar bálsamo fuera, 
Cual tú misma me has dicho no hace mucho. 

TEODORA. 

Te lo dije, Larisa, mas entonces 
Los tormentos y angustias de mi pecho 
De causa muy diversa eran nacidos. 
Mi amante corazón, el alma mia 
Penaban, es verdad, entre congojas 
Por los temores que la ausencia infunde, 
Guando lejos respira él que adoramos;^ 
Mas yo sola, no Leoncio padecíaj 
Y mi dolor amargo se endulzaba, 
Pensando algunas veces que felice 
Acaso pudo ser. [Sueño engañoso! 
Esta ilusión cual humo disipóse; 
Pues cautivo también con rigor sufre 
Penar mas duro, suerte mas acerba. 
Martirios mas atroces que los mios: 
Encarcelado, entre cadenas yace: 
El duro suelo en vez de lecho blando 



ACTO II, ESCENA I, 2g 



Sus fatigados miembros mas quebranta: 

El despecho de verse escarnecido 

Es el solo alimento que allí tiene; 

Sin esperar, el triste, otro consuelo, 

Que insultos y su cruento sacriíiei» 

Que con placer aprestan sus vei-dugos. 

Si yo la causa soi de su desdicha. 

Si en pago de su stmmr la muerte encuentra, 

Conocerás en tan horrendo trance 

De mi alma dolorida y desgarrada 

Cuanto es profunda la mortal herida. 

LARIS.U 

Por mis penas percibo que las tuyas 
Son escesivas; mas con tal despecho 
Así no es cuerdo en el abismo hundirte 
Del intenso dolor que te enajena. 
No precipites de tu vida el plazo : 
Quizá no son tan grandes los peligros 
Que la imaginación te reproduce: 
Acaso el Príncipe que tan humano, 
Tan generoso es, de sus prisiones 
Los hierros romperá: yo así lo espero 
De los Dioses benignos ; y tií misma 
Debieras esperarlo: á ellos ocurre. 

TEODORA. 

¿ No te he dicho, Larisa, que los Dioses 



3o 



EL FANATISMO DRUIDA. 



A mis súplicas sordos siempre han sido ? 
Tú misma lo estás viendo: cuando ansiosa 
A Hilderico buscaba, cuando coito 
Por la vida de Leoncio á suplicarle, 
Hallarle no consigo, y en su marcha 
La fiera certidumbre solo alcanzo 
De que á Leoncio para siempre pierdo, 
j Injustos hacia mí son esos Dioses ! 



No te alucines, dulce amiga mia, - ' 
Ni ultrajes, imprudente, las Deidades. 
Tu razón ofuscada te aglomera 
Esos crueles presagios que te asustan; 
Te abulta los objetos y tan solo 
Ves de tu pensamiento el desvarío. 
Hilderico vendrá, sí, no lo dudes; 

Y Leoncio será libre: el Rey te ama, 
No podrá desoír tus tiernos ruegos, 

Y enternecido le dará la vida. 

TEODORA. 

Sí... SÍ... pudiera ser, mas no lo creas. 
El corazón opreso me predice 
Que el hado irrevocable al sacrificio 
Nos condena cruel: que á buscar corre 
Su sepulcro Hilderico en el combate. 
Mi suerte horrible está va decretada. 



ACTO II, ESCENA I. 3 1 



Y el inflexible Tacio cumplir puede 
Sus votos sanguinarios. 

f Desde este momento se entrega á la mas dolorosa j pro- 
funda meditación, preparando por grados una enagena- 
cton completa. J 

LARISA. 

¡ Ay ! Conozco 
Que inútilmente mi amistad anhela 
Tranquilizar tu pecho dolorido. 

TEononA. fSin hacer cuso de i.k\\íi\ J 

¿En dónde sin Leoncio buscar puedo 
Sino desdichas y pesar amargo ? 
Huérfana desgraciada y sin apoyo, 
Ya no hay consuelo para mí en el mundo; 

Y donde quiera que los ojos fijo 
Horror, y luto, y sangre se presentan. 

¡ Muerta se halla en mi seno la esperanza ! 
Contra el potente Tacio ; Ay ! ¿ qué valen 
De una triste cautiva los esfuerzos ? 
Altivo Sacerdote al Rey no teme, 

Y audaz la patria ley burlar intenta, 
Por sustituir á ella el fanatismo, 
Tiranizar y degollar impune, 

En nombre de los Dioses, al que firme 
A su querer no doble la rodilla. 
Su corazón de roca está cerrado 



32 



EL FANATISMO BRUIDA. 



De la dulce piedad á los clamores : 

Sin provecho con él son las plegarias 

Solo un puñal . . . . ¡ Ah ! No; recurso inútil. . . . 
Contra mi pecho mas poder tendría — 
¡ Qué estrella tan fatal sobre mí luce ! . . . 
¡ Ancho lago de sangre me circunda ! — 

fSe deja caer sobre uno de los bancos de piedra manijes- 
tando la mayor agitación.) 

LARISA. 

¡ Qué funesto lenguaje ! ¡ Qué terrores ! 
Mi tierna amiga, tu razón recobra 
Por fatídicas sombras perturbada. 
No las negras fantasmas del delirio 
Transforme en realidad tu fantasía: 
No al desaliento, débil, te abandones: 
La desesperación, firme, rechaza. 
¿ De los Dioses tan presto desesperas ? 
De su bondad y el tiempo alcanzaremos 
Esa ti'anquilidád que anhelo goces : 
Retirémonos, ven á nuestro albergue, 
Que en él, piadosos, te darán alivio. 

(Se inclina á tomar por la mano á teodora; j esta, dando 
un grito, se levanta despavorida y huye de larisa, en 
quien cree ver á tacio.^ 



¡ Ah ! ¿ Qué intentas ministro sanguinario ? 



ACTO II, ESCENA I. 



33 



¿ Una víctima sola no es bastante ? 
¿ Implacable verter mi sangre juras, 
Y ofrecerla á los Dioses en las aras ? 

Deten, Tacio feroz, deten el brazo 

¡ Dioses, tened piedad de esta infelice ! 
¡ Libradla compasivos de la muerte 
Que amenaza su mísei'a existencia ! 
¡ Favoreced á mi adorado Leoncio 
De un amor casto víctima inculpable ! 
j Libradle del horrendo sacrificio 

Que a ofreceros en él Tacio se apresta! 

Iracundo le arrastra al pié sangriento 

De la sagrada encina — ¡ Qué agonía ! 

La cabeza ya dobla sobre el ara 

Sus ojos moribundos á mí vuelve 

('Se acerca á la piedra que sirve de altar.) 

Tacio detente; no le sacrifiques : 

La vida le perdona compasivo 

¡ Ah cruel ! ¿ IMis súplicas despi'ecias ? ¿ Sangre, 
Sangre quieres beber ? Bebe la mia, 
Con ella apaga aquesa sed rabiosa 

Que abrasa tus entrañas antes caiga 

A tus pies mi cabeza que la suya 

(^Se arroja sobre la piedra : al golpe que recibe, da un gri- 
to, se levanta asombrada, mirad todas partes como una 
persona que sale de un letargo y no recuerda donde está; 
en fui poco á poco reconoce á larisa. que la sostiene.) 



34 



Eli FANATISMO BRUIDA. 



¡ Teodora ! — ¿No me escuchas ? ¿ Te estremeces ? 
¡ Ali ! vuelve en ti de ese trastorno fiero. 

TEODORA. 

¿ Dónde estoi? . . . ¡ Qué delirio tan horrible! . . . 
¡Qué espantosa visión me ha perseguido! — 



(^Se apoja en el brazo de larisa, girando la vista á todas 
paites como espantada. J 

LARISA. 

Tus sentidos recobra, dulce amiga: 
De mi voz el acento reconoce: 
No así tu vida espongas; ten constancia: 
Tranquiliza tu espíritu: recuerda 
Que Larisa sin ti vivir no puede 

f Ruido confuso de pisadas. J 

Pero gente se acerca ; evitemos, 
Cruzando por el bosque, que nos hallen 
En la espantosa turbación que muestras. 

fSe va por entre los árboles que se figuran en el foro, lle- 
vándose á TEODORA como por fuerza. Se oyen á lo lejos 
repetidos toques de trompas guerreras dando señal de un 
combate.) 

ESCENA II. 

TACIO Y DRUIDAS. 
TACtO. 

Ya de la trompa el eco pavoroso 
Llama á la lid las liuestes guerreadoras. 



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ACTO II, ESCENA II. 35 



Nuestro deber, ó dignos Semnotheos, 
Pedir nos manda con fervientes preces. 
Que su favor los Dioses de la patria 
En tan terrible trance nos concedan. 
Purifiquemos nuestros corazones, 
Y del romano vil al sacrificio 
Las diestras preparad, sagrados himnos 
Con humildes acentos entonando. 

fSe colocan en actitud reverente á uno y otro ladv de la 
piedra, j cantan el himno que sigue. ) 

CORO. 

Propicias escuchadnos, 
Deidades celestiales: 
En dicha nuestros males 
De vos torne el favor. 

TACIO. 

De Roma las legiones 
Oprimen nuestro suelo: 
Lanzádles desde el Cielo 
Un rayo abrasador. 

CORO. 

Pi'opicias escuchadnos, 
Deidades celestiales : 
En dicha nuestros males 
De vos torne el favor. 



mmm 



36 



EL FA>ATISMO DRTJIDA. 



Libradnos, compasivas. 
Del pérfido romano 
Que por dó quier, tirano. 
Tras sí deja el dolor. 



Propicias escuchadnos 
Deidades celestiales: 
En dicha nuestros males 
De vos torne el favor. 

TACIO. 

Haced que nuestros héroes 
Obtengan la victoria : 
Que el lauro de la gloria 
Corone su valor. 

CORO. 

Propicias escuchadnos, 
Deidades celestiales : 
En dicha nuestros males 
De vos torne el favor. 

TAcro. 

La víctima que en breve 
Será sacrificada, 
De A uestra faz airada 
Desarme el cruel rigor. 



ACTO II, ESCENA III. 



^7 



Pi'opicias escuchadnos, 
Deidades celestiales: 
En dicha nuestros males 
De vos torne el favor. 



Ministros del altar, ya sin demora, 
Cumpliendo nuestro sacro juramento, 
Del pérfido romano sobre el ara 
La sangre impura corra en desagravio. 
Dejemos satisfechos nuestros Dioses 
Que el espiatorio sacrificio esperan, 
y projiicios nos guardan el triunfo. 
Venga luego la víctima ofrecida. 

f T'anse los Druidas. Se oye mas cerca el sonido de las 
trompas y confuso rumor de un combate. J 

ESCENA III. 

TACIO solo. 

Númenes tutelares de la patria. 
Dioses fuertes que vuesti^a omnipotencia 
Tantas veces habéis manifestado; 
Piadosos acoged el piu'o acento 
De mis humildes súplicas y votos: 
No desoigáis los ruegos que os dirijo 
Por la victoria de las armas galas: 
Haced que triunfen del romano injusto 



38 EL FAIfATISMO DRUIDA. 



Y esterminados los tiranos sean: 

Que para siempre escarmentados, nunca 

De mi patria la paz inquietar osen 

fSe oje aun mas inmediato hacia el lado del campo, ruido 
de armas Mancas que figuran un combate, j el confuso 
sonido de instrumentos bélicos j voces de los combatientes.J 

alas. . . ¡ Qué estruendo se acerca de improviso! . . . 
Parece que el combate se ha trabado 
No lejos de este sitio con mas furia. ... 

fMirando hacia el lado del campo. J 

¡ Cuanta sangre ! Feroces las legiones 

A vencer ó mor-ír determinadas, 

Se despedazan con valor heroico. . . . 

Saña solo respiran y esterminio. 

Insaciable la parca pavoi'osa 

Vuela feroz, y con sus alas cubre 

De mil héroes la vida. . . . ¡ Dioses justos, 

Proteged la de aquel que tantos años 

Se ha dedicado á promover la dicha 

De nuestra patria ; de Hilderico e| Grande 

Que, intrépido guerrero, de su pueblo 

Es firme apoyo : que por tantas veces 

Vuestros Santos altares libertara 

De la profanación y de la burla 

De insolentes, sacrilegos romanos! .... 

De cuerpos mutilados, rotas armas. 



ACTO II, ESCENA III. 



39 



De espantosos despojos de la muerte 

El campo ensangrentado está cubierto 

De los heridos lastimeros ayes 
Resuenan en mi oido...En desorden 
Fugarse varios escuadrones veo; 
Mas la nube de polvo que levantan 
Si son romanos conocer me impide. 

f Empieza á cesar el ruido de las armas. J 
Ya el crudo choque de las armas cesa, 
Y se acerca el momento decisivo, 
El momento fatal de que depende 
La ventura ó desdicha de mi patria. 

f Cesa enteramente.) 

Ya cesó enteramente : socorradnos, 
Deidades protectoras de Lutecia, 
Libertadnos benignas de esa Roma 
Que orgullosa pretende esclavizarnos; 
Mudar nuestra creencia; vuestros templos, 
Los altares hollar con planta impura; 
Convertir en sacrilega morada 
Su recinto sagrado y venerable, 
O á las llamas voraces entregarlos 



(Se oyen por el lado del campo confusas voces j toques mi 
litares en señal de victoria. J 

Mas el Dios formidable de las lides 

Ya fulminó severo su sentencia ; 

Ya entre los combatientes tiró el dardo. 



m^ 



4o EL FANATISMO DRUIDA. 



De timbales el eco retumbante, 

De las trompetas los sonoros toques, 

Anuncian la victoria con estruendo. 

¿ Quién será el vencedor ? ¿ Quién el vencido ? 

La incertidumbre ¡ qué de angustias causa ! 

¡ Qué será de la patria si en la lucha 

Triunfaj^-on los romanos rencorosos!,... 

Un grupo de guerreros se aproxima — 

Son sin duda enemigos 

f Huye por el lad<> de la ciudad ; pero de pronto vuelve la 
caraj retrocede diciendo. J 

• No son galos: 

A su encuentro corramos ¿La victoria 
Por quién quedó ? 

fA los primeros guerreros que llegan, detras de los cuales 
viene hilderico^' demás séquito j guerreros. J 

ESCENA IV, 
TACio, HiLDERico, séquito y guerreros. 
(^HiLDERico f todos los dcmus contestan á taciü lo que es- 
presa el primer verso, al tiempo de salir aquel detras de 
los primeros guerreros : todos estos se colocan en buen 
orden detras del Rej, j cesan de sonar los instrumen- 
tos bélicos. J 

TODOS. 

Por nuestra patria. 

HILDERICO. 

Gracias 
Rindamos álos TS'iím enes propicios, 



ACTO II, ESCENA r\'. [^l 

Que para siempre libre la han alzado 

Del poder de tiranos opresores. 

La completa deiTota de sus huestes, 

El estrago, la muerte que encontrai'on 

De nuestras ai'mas al cortante filo, 

Probarles debe que la libre Galia 

Nunca al romano yugo será uncida, 

En tanto que sus hijos un acero 

Para morir en su defensa empuñen. 

De independencia el estandarte ondee 

En nuestras altas torres, orgulloso: 

De eterna libertad el dulce goce 

Por patrimonio nuestros hijos tengan ; • 

j Y ojalá que los Dioses nos conserven 

Una paz venturosa, inalterable ! 

A su inmensa bondad rindamos luego 

De gratitud sincera el homenaje. 

Sagrados himnos con fervor se entonen: 

Sin fin ardan perfumes esquisitos; 

Y de dos blancos toros sin mancilla 
La pura sangi'e fluya por las aras. 

TACIO. 

Mas agradable víctima nos piden, 

Y preparada espera el sacrificio. 

La sangre de un romano, de un espía 
Que este bosque sagrado ha profanado. 



4 2 EL FANATISMO DRUIDA. 



A ellos ultrajando y á la patria : 

Esta es la ofrenda que aplacar hoy debe 

De los Dioses la cólera terrible, 

Y el homenaje que en acción de gracias 

Debemos tributar por la victoria. 

En breve le traerán los Semnotheos. 



HILDER.ICO. 



¿ Cómo aquí penetrar pudo un romano? 

Ticro. 
Al favor de un disfraz, y de la noche 
Cubierto por las sombras. A este sitio 
Dirigirse le vio entre dos luces 
Por oculto sendero un centinela, 

Y aviso dando sin perder instante, 
Cercar hice el bosque por mis guardias, 

Y logré sorprenderle por fortuna, 
Al querer con impúdicos discursos 
Seducir á la Gran Sacerdotisa. 

Aun es mas criminal: yo he concebido. 
Si engañado no estoi, por sus palabras, 
Por su altivez é impávido semblante. 
Que él es ci-istiano; sí, que pertenece 
A esa secta proscripta que á los Dioses, 
Y álos pueblos ultraja con desprecio. 
O Téutates escelso y poderoso 
Mi alma con sus rayos no ilumina; 



ACTO II, ESCENA V. 4 3 



O ese perverso, ese traidor infame, 

Del disfraz al abrigo, conociendo 

La posición que nuestros muros tienen, 

Del rio el lugar dó se vadea 

Y el número de tropas, cauteloso 

De los romanos preparó el ataque 

f Ruido de pisadas. J 

Mas ya llegan con él los Semnotheos: 
Pronto de nuestros Dioses en las aras 
Sean vengados el culto y tus banderas.... 
Míralo, ya está aquí: su fiero porte. 
Su insolente mirar, su altivo orgullo 
Confirman mis palabras. 

ESCENA V. 

(^flii.DEUico, guerreros, tacio, )- i.eoiício con cadena en los 

hrazos,entre los guardias j Druidas que le conducen J 



Que le acerquen. 
Temerario romano ¿ Con qué intento 
Osaste penetrar en este bosque ? 
¿Por qué tu campamento abandonaste, 
Y entre nosotros te hallas disfrazado?.... 
Responde sin temor, pues Hiklerico 
La mentira castiga y menosprecia; 
Al paso que indulgepcia le merece . 
De la verdad la esposicion sencilla. 



44 EL FANATISMO DRUIDA. 



Ilustre y noble jefe de los galos, 

Dios que penetra en lo interior del alma, 

De mis intentos la pureza sabe 

Y allá su alta justicia los aprueba: 
Permitidme, Señor, no los revele, 

Y solo diga que no son indignos. 
No son infames cual presume injusto 
Quien aquí ha mandado conducirme. 

TACro. 

¿ Lo ves Grande Hilderico? Al silencio 
El impío se encuentra reducido; 
Pues no osa declarar sus torpes miras, 

Y adora un Dios cuya impotencia suma 
Conoce bien él mismo. 

LEONCIO. 

¡ Ah ! ¡ Qué dices, 
Bárbaro ! Pronto estoi al sacrificio. 
Divide mi garganta ; mas respeta 
Al Dios que adoro: ciego no blasfemes 
Con impiedad su nombre sacrosanto. 
Y vos, Príncipe digno, á quien vencido 
Por ser valiente tanto como justo; 
Si crédito no dais á mis palabras, 
Tenédme aprisionado, á mis legiones 
Volver no me dejéis, hasta el instante 



ACTO II, ESCENA V. /j 5 



En que veáis si la verdad os dicen . 
Pronto mi general, mis compañeros 
Afirmarán que es incapaz Leoncio 
De ejecutar misión tan vergonzosa 
Como le imputan; no, jamas tal crimen 
Pudo manchar mi nombre esclarecido; 
Tan vil oficio pide un alma baja, 
Y el alma que me anima es muy altiva. 
Aun mas confieso: á no ser disculpa 
La santa causa que venir me ha hecho, 
Sin duda que muriera de sonrojo, 
Al saber que corrieron mis legiones 
Fatigas y peligros inminentes 
De que partícipe también no he sido: 
Al pensar que si no me conocieran 
Tan bien mis compatricios, juzgarían 
Esta falta culpable y vergonzosa. 
Mi franqueza ya veis: si no os agrada. 
Vuestros oidos si escuchar no quieren 
De la verdad la esposicion sincera, 
Mandad segar mi cuello. 

HILDERICO. fá TACIO.J 

¿Lo has oido? 
Tanta serenidad, ese lenguaje 
Tan franco, tan sincero y animado. 
Propios no son de un pérfido cual dices, 



' l«N<ppi|W««mm«MPiiMp 



/,6 EL FANATISMO DRUIDA. 



Ni alentaron jamas cobarde pecho. 
Su noble aspecto ingenuidad respira, 

No sé por qué su vista me conmueve 

No merece morir — viva. 

TACIO. •- 

¡ Qué escucho ! 
¿Y nuestros sacros Dioses ofendidos?... 

HILDERICO. 

Mi clemencia y piedad, no hay que dudarlo, 

Aplacarán su cólera irritada. 

No son tan vengativos como juzgas, 

Tan sedientos de sangre que verterla 

Preciso deba ser para lograrlo. 

Benignos, no inclementes son los Dioses, 

O furias del averno fueran solo. 

En balde sangre humana no debemos 

Feroces derramar, cuando no sea 

Por la salud del pueblo necesaria ; 

Que asesinos jamas fueron los héroes; 

Siempre con los vencidos generosos. 

En fin, joven guerrero, nada temas 

Si la verdad tus labios profuñeron. 

Tu prisión es Lutecia por ahora ; 

Y antes que llegue la primera noche, 

Yo sabré si pisar otra vez debes 

De los romanos el nativo suelo. 



ACTO II, ESCENA VI. k'] 



Respeta nuestros ritos y costumbres, 
Cual respeto tus usos y tu culto 

Sin serme conocidos 

ESCENA VI. 
(^HiLDERico j guerreros, tacio. Druidas, guardias, i.EOjr- 
cío j un oficial galo por el lado del campo. J 

OFICIAI-. 

Un romano 
Que al acercarse audaz á nuestras líneas 
Por mis guerrei'os prisionero ha sido, 
Con lágrimas é instancia, Señor, pide 
Haceros una súplica importante. 

HILBERICO, 

Condúcele al momento. 

fSe acerca el oficial al bastidor, haciendo hacia dentro 
una seña para que introduzcan al prisionero ^J 
LEONCIO. Caparte.) 

\ Un romano ! 

TACio. (aparte.) 

Otro traidor sin duda. 

ESCENA VII. 

[Los mismos y Probo conducido por algunos guer- 
reros. ) 

LECKCio. f Tendiendo los brazQS 
hacia rBOBO.J - 

; Padre mió ! . . . • 



48 



EL FANATISMO DRUIDA. 



¡ Hijo amado ! . . . ¡ O Dios, gracias tributo 
A tu escelsa bondad ! ¡ Eternamente 
Loado sea con fervor tu nombre ! 
Genex'oso Hilderico, tú eres dueño 
Del objeto querido que á tus plantas 
Lloroso me conduce y suplicante, 
Buscando al hijo solo que me queda, 
De mi débil vejez único apoyo, 
Esperanza y consuelo de mis años. 
Tu proceder heroico, tus virtudes, 
La fama que lograron tus acciones 
Y hasta la misma Roma se estendiera, 
Me inspiraron valor para arrojarme 
Por él á supHcarte. De un anciano 
No deseches los ruegos lastimeros : 
Mis lágrimas enjuga; dame el hijo. 

HILDERICO. 

Tu hijo está acusado de un gran crimen. 



¡ De un crimen ! imposible; te engañaron. 
Yo su virtud abono con mi vida. 

TACIO. 

Temerario cristiano, pues tu arrojo 
Dudar ya no me deja perteneces 
A esa secta sacrilega é impura ; 



ACTO II, ESCEJÍA VII. 4g 

¡ Ali ! teme que divida tu cabeza 
De los Dioses el rayo formidable. 

TROBO. fá TACio con Calma j d'ignidad.J 

El Dios que yo venero me prescribe 
Perdonar el rencor y los insultos. 
El odio que nos muestras te perdono. 

(á HILDERICO. J 

Permíteme, magnánimo Hilderico, 
Que te recuerde sin que agravio sea. 
Sucesos para ti un tiempo infaustos. 
¿ Te acuerdas, di, de la legión Paulina 
Que mandaba el benéfico Severo ? 

HILDERICO. 

Ingrato nunca fui. Jamas la olvido. 
Presente tengo aquella aciaga noche, 
¡ Ay ! de dolor y de vergüenza suma. 
En que del ancho Ródano á la margen 
Herido, sin defensa, abandonado, 
En su poder caí ¡ Cuan bondadoso 
Sus asiduos cuidados prodigóme 
Ese mismo Severo que recuerdas ! 
A su gran compasión todo lo debo ; 
La vida, el poder ; mas todavía, 
La dulce libertad de que disfruto. 

PROBO. "> 

Ya en el silencio de la yerta tumba 
La venturosa paz del justo goza, 



EL FANATISMO DRUIDA. 



Y en eterno reposo también yacen 

Sus compañeros en heroicos hechos. 

¡ Qué pavor te infundiera si á tu vista 

Presentase la imagen espantosa 

Del horrible martirio que sufrieron 

Por orden de Nerón, ese tirano 

Que abortó el averno en sus furores. 

• A su aspecto sangriento temblaiñas ! 

¿ Y cuál fué su delito ? Ser virtuosos. 

Seguir de los cristianos la ley santa, 

Esa ley que en el Cielo origen tuvo. 

Pues esos mismos que invencibles siempre 

El enemigo halló, ninguna fuerza 

Quisieron oponer, pudiendo hacerlo, 

Al mismo Rey que cruel los inmolaba; 

Si bien de tal fidelidad indigno: 

Por conservar ilesos sus deberes. 

Por no vengar con hierro fratricida, 

De su ley los preceptos quebi^antando, 

Injurias que olvidar ella prescribe, 

Por no ofender su fé, ni sus altares ; 

TSI en fin turbar la dicha de la patria, 

IMurieron resignados é indefensos. 

Hé aquí lo que son esos cristianos 

Que perseguidos por dó quier se encuentran. 



Hir.DERICO. 



Oh, cuanto siento su fatal destino 



ACTO II, ESCEIíA. VII. 



fApaTtcJ 
¡ Protector generoso de mi vida ! . . . 
Mas ¿por qué me recuerdas?.... [a probo.) 

PROBO. 

A saberlo 
Vas en breve : también harás memoria 
De aquel antiguo Centurión que humano 
En sus deliiles brazos te condujo 
Y á la muerte voraz robó su presa, 
Que tendiendo sus alas funerarias 
Su atroz guadaña soljre ti blandía ; 
y que fiel guió tus vacilantes pasos. 
Hasta ponerte á salvo ya distante 
De las lineas romanas victoriosas. 

HILDERICO. • 

Su imagen en mi mente está gravada: 
También habrá sin duda perecido 
Anciano tan benéfico y piadoso. 

PROBO. 

La vida le salvó su fortaleza; 

El mismo es que tuclemencia implora. 

(^HILDERICO ^y» con admiración la vista en trobo, como un 
hombre que recuerda ideas borradas por el tiempo, y en 
seguida esclama tendiéndole los brazos.) 

HILDERICO. 

Sí, sí, eres tú ¡ Ah ' ven á mis brazos. 

Ven á estos brazos que por ti se animan 



EL FANATISMO DRUIDA. 



fSe abrazan, leokcio manifiesta su alegría y tacio el fu- 
ror que le domina. J 

LEONCIO, (aparte.) 

\ Qué ventura ! ¡ Buen Dios, yo te bendigo ! 
Todo parece que me acerca á ella. 

TACIO. (aparte.) 
\ Fatal encuentro ! 

HILDERICO. 

¡ Dioses de mis padres ! 
¡ Al fin no moriré sin que antes deje 
Satisfecha una deuda tan sagrada ! 
Ya, venerable anciano, las cadenas 
Que oprimen á tu hijo miras rotas. 

(El mismo le quita las cadenas.) 
TACIO. (aparte.) 

¡ Qué impiedad ! ¡ Romper un juramento ! 

Sacro furor mi corazón consume. 

¡ Con tanta iniquidad pisar las aras ! 

En silencio sufrirlo es imposible. 

De este ultraje á los Dioses vengar juro, 

U ofrecerles mi sangre en holocausto. 

Seguidme Druidas. " , 

(Vase y le siguen los Druidas y sus guardias.) 

ESCENA Yin. 

(hildekico, oYítTrcroí, 7¿« oficial, probo/ leoncio. 1 

HII.DEalCO. 

Libre te le vuelvo 



ACTO II, ESCE]!{A VIH. 53 



De tu piedad en premio merecido ; 
Puedes partir con él á \Tiesti'a patria ; 
Pero á mis brazos antes de ausentarte 
Ven otra vez ; ( i ) en tu benigno seno 
De placer estas lágrimas recibe 
Que tributa mi pecho á tus \Ti'tudes ; 

Y de mi gratitud lleva esta prenda. 
Siempre recordaré con alegría 

El placentero instante afortunado 
En que el alto favor pude pagarte 
Que debo á tu conducta generosa. 

fá ambos. J 

Mientras viva Hilderico ningún riesgo 
Tenéis ya que temer en sus dominios. 
¡ Ay de quien á ultrajaros se atreviese 
Mis bondades aleve despreciando ! 

fá, LEONCIO.^ 

Y tú, joven cristiano, tu secreto 
Lleva contigo, que de Px'obo el hijo 

En su pecho abrigar no puede el crimen. 

PROBO. 

C Queriendo echarse á sus pies ; se ¡o impide hilderico á 
quien besa la mano.) 

\ Príncipe justo ! ¡ El Ser Omnipotente 
Conserve tan ilustre y noble vida ! 

LEOííCIO. 

¡ Jamas, jamas de nuestros corazones 

( I ) Se vuelven á abrazar. 



54 EL FANATISMO DRUIDA. 

Se borrará la gratitud profunda 
Que te debemos, Príncipe benigno ! 

HILDERICO. 

Adiós amigos: vuestra guarda sea 
El Genio tutelar de los viajeros. 
Guerreros prosigamos nuestra marcha. 

CSe va con todos por el lado de la ciudad,)- trobo toman- 
do á LEONCIO de la mano, hace ademan de irse por el 
lado del campo. J 

ESCENA IX. 

PROBO / LEONCIO. 

PROBO. 

Vamos Leoncio. 

LEONCIO. 

Señor, nuestra partida 
Un instante os suplico detengamos. 
La religión, el bien de un alma pui^a 
Que del error en las tinieblas gime, 
Y á escuchar del evangelio augusto 
Las sublimes verdades se dispone, 
En ello se interesan, lo reclaman. 

PROBO. 

¡ Qué dices ! ¿ Dónde está? 

tEONCIO. 

No muy distante. 

PROBO. 

¡ O Dios omnipotente y bondadoso ! 



ACTO II, ESCENA IX. 



55 



¿ Tal favor me concede tu clemencia ? 
¿ Y tendré la ventura de ganarte 
A tu ley convertida una pagana ? 
La muerte arrosti-aré, mi sangi'e corra 
Si necesaria á su bautismo fuere. 
Cual en la cruz por redimir al hombre 

Cá LEONCIO. J 

La tuya se vertió. ¿ Cuando ? ¿ En qué sitio 
Podremos encontrarla ? 

X-EONCIO. 

, • En este bosque 

Dó cierto estoi vendrá dentro de poco. 
Una gruta de aquí no lejos queda ; 
En ella esperaremos el instante 
De volver a buscarla, afortunado. 



¡ O Dios inmenso, tu favor imploro ! 
¡ Comunica benigno á mis acentos 
Todo el fuego divino de tu gracia! 



Fin del segundo acto. 



m 



ACTO III, ESCENA I. 67 


ACTO TERCERO. 

» 


ESCENA I. 


TEODORA y LARISA. 


TEODORA. 


En vano, en vano intentas oponerte, 


Verle quiero, Larisa, antes que parta ; 


Y á los pies humillada de su padre. 


De aquese digno y respetable anciano, 


Su bendición pedirle me conceda, 


Buscar algún alivio á mis congojas, 


abjurar un amor sin esperanza. , 


LARISA. 


No es posible ; á ti misma no te engañes. 


¿ Sabemos si han dejado estos contornos, 


Ni el lugar dó se encuentran conocemos ? 


TEODORA. 


Ellos deben estar no muy distantes; 


De Leoncio el corazón me lo asegura. 


LARISA. 


¡ Qué ciega estás Teodora ! ¿No recuerdas 


Cuantos peligros tiene esta entrevista ? 


¿ Que encontraros quizá mi padre puede ? 


¿ Que su carácter es violento, fiero .'* t 


a 



Ví^m:iMfímmw-í¿^-^' -i^^m í^m^m^ 











58 El- FANATISMO DRUIDA- 






¿ Que está ofendido por no haber logrado 




De Leoncio consumar el sacrificio ? 






¿ Que si de nuevo hallarle consiguiera 






Tal vez su juramento cumpliría ? 






TEODORA. 






Pío con tristes presagios me intimides. _ 7 






¿ Hilderico la vida no le ha dado ? 


k 




¿ Cómo Tacio contra él se arrojaría, 






Del Rey agradecido las bondades, 






El mandato y clemencia despreciando ? 






No es posible ; mas dado que así fuese. 






¿ Hilderico aun no vive? ¡ Y qué ! A- Probo, 






De Leoncio digno y generoso padre, 






La vida no debió? ¿ No está obligado 






A defender la de ambos cuantas veces 






De perderla en peligro los hallase ? 






¿ De gratitud su corazón modelo 






Por ventura no es ? Sí, nada temas : 






Búscalos por piedad, querida amiga. 






y después que las sombras de la noche 






Por la tierra su manto hayan tendido. 


; 




Verlos podremos sin ningún recelo. 






LA.RISA. 

No así tan fácilmente te alucines. 
El riesgo es inminente ; por ti misma, 
- y por ellos iM debo consentirlo. 






" v 



ACTO ill, ESCENA I. 



59 



TEODORA. 

f Poniendo una rodilla en tierra,y llorosa.) 

Si me amaste, Laiisa, un solo instante. 
Si es verdad que cariño me profesas, 
Si jamas tus palabi-as me engañaron 
Pronunciando un amor que no sentiste ; 
Si cierto es, como por veces tantas 
Me aseguraste, que por mí tu vida 
Pronta estás á esponer, si algún imperio 
Mis lágrimas aun en ti conservan, 
A mis ruegos accede ; no rehuses 
Lo que te pido ejecutar piadosa ; 
En ello está mi vida 

LA RISA. 

(Levantando, enternecida, á teodora jr estrechándola con- 
tra- su seno. ) 

¡ O dulce amiga ! 
No sin temor mi fiel cariño cede. 
Venciste mi constancia con tu llanto. 
Con el amor ¿ qué valen los consejos ? 
A complacerte voi á todo trance. 
¡ Cuanto no es tu poder, amistad sacra ! 
Calma tu afán ; en tu aposento espera 
De mi solicitud el resultado : 
Tranquiliza tu espíritu ; que en breve 
Iré en tu busca si consigo hallarlos. 



m 



v^^^l^lSIS^ 



6o EL FANATISMO DRUIDA. 



Los Númenes piadosos te conduzcan. 

("Se va por el lado de la ciudad, larisa al ir á internarse 
en los árboles que se jiguran en el foro, se detiene como 
una persona que duda sobre lo que va á hacer: medita 
un instante,/ vuelve hacia el medio del teatro hablando 
consigo misma. J 

ESCENA II. 

LARISAÍO/Ú!. 

¡ Qué débil soi ! j Cuan grande es mi impi'udencia! 

¡ A que peligros mi indulgencia espone 

A aquellos mismos que apartar debía 

Del hondo abismo a cuyo borde se hallan. 

¿ Por qué á su proyecto no, me opuse 

Hasta lograr lo hubiese abandonado?. . . . 

¿Mas cómo resistir al tierno lloro, 

Los gemidos, las súplicas ardientes 

De una amiga querida, idolatrada. 

Que á mis pies afirmaba que su vida 

Salvar pudiera mi indulgencia sola?.... 

¡ Entre dudas n\i espíritu fluctúa ! — 

Por una fiarte dicta la prudencia 

Que en busca de ellos no adelante un paso, 

Y por otra, los ruegos que á mis plantas, 

En liígrimas bañada, entre suspiros 

Me ha dirigido la infeliz Teodora, 

¡ Ay ! Todo, todo vacilar me hace — 



mmá 



ACTO Til, ESCENA III. 



6i 



No sé que resolver en tal apuro 

('Se queda pensativa. Empieza á oscurecer. J 
ESCENA III, 

LARiSA, LEONCIO/ PROBO que Salen por el foro, cau- 
telándose. 



Padre mió, mirad allí la amiga, 
La tierna y fiel amiga de Teodora. 

LARisA. fal tiempo de irse por el foro.) 

\ Qué veo ! . . . . ¡ aquí vienen! — ¡No hay remedio! . . . 
(Se detiene, inmutada y temerosa.) 

PROBO. 

Temor no tengas, candida doncella ; 
Tu honor está seguro entre nosotros. 
¡ Quiera Dios derramar en ti sus dones, 
Compasivo á tu padre perdonando 
El rencor que nos muestra furibundo, 

LARISA. 

¡ Ojalá se cumpliese tal deseo ! 
Mas un favor, señor, voi á pediros 
En nombre de una joven desdichada, 

PROBO, 

¡ Un favor \ 

tEONGto. (aparte, j 

\ O buen Dios ! ¿ Será posible?. . . .., 



Sí señor, un favor. 



62 EL FANATISMO DRUIDA. 



PROBO. 

Habla ¿ Qué temes ? 



Di ¿ qué deseas ? 



¡ Ah ! Teodora os ruega 
Que escucharla os dignéis un breve instante, 
Pues de vos recibir sabios consejos, 
Paternal bendición, ansiosa, quiere. 

LEo:*cio. 

¿Podréis á ello negaros, padre amado? 

PROBO. 

No, que venga, que venga á recibirlos ; 
INIas considera la costosa prueba 
A que va tu valor á ser espuesto: 
Tus fuerzas examina ¿ A Teodora 
Podrás de nuevo ver, y abandonarla 
Si no abrazase nuestro santo culto ? 

LEONCIO. 

A salir vencedor, ó padre mió, 
Esforzaréme en tan ditícil lucha ; 

Y á Dios invocaré si me faltasen 

Las fuerzas para el triunfo necesarias. 
Estendéd sobre ella vuestras manos, ; 
Que vuestra bendición ella reciba 

Y el ósculo de paz ; y que se cumpla 



ACTO III, ESCENA IV. 



63 



El supremo querer del justo Cielo. 

PROBO. fá LARISA.^ 

¿ Cuándo, en qué lugar podremos verla ? 

LARISA. 

Un momento después que en densas sombras 
Haya lo noche sepultado al mundo, 
Con sigilo vendremos á este bosque 
Donde ningún mortal, mi padre mismo, 
Mientras que duran, penetral- se atreve. 
Yo propia me horrorizo al ofrecerlo, 

Y solo la amistad valor me infunde. 
Mas vosotros doblad vuestro cuidado, 
Pues os halláis cercados de enemigos , 

Y temo veros presa de su furia. 

PROBO. 

Tu inquietud cese, joven adorable. 
Que nunca mi buen Dios deja sin guarda 
A sus fieles y humildes servidores. 
Parte por ella, 

LARISA. 

En breve volveremos, [vase. ) 
ESCENA IV. 

PROBO y LEONCIO. 
LEONCIO. 

Sí, SÍ, corre en su busca y no detengas 
Hasta traerla tu ligera planta. 



MmiMmsmá^^ - 



64 EL FANATISMO DRUIDA. 

Muy pronto vais á verla, padre mió ; 
Su aspecto angelical y candoroso, ' 

Su modesto mirar, su dulce acento 
Anuncian sin disfraz un alma bella, 
Un corazón de la virtud asilo : 
Ella es digna del Dios que aquí oS condujo 
Para que le enseñéis su nombre santo: 
Ella oirá vuestra voz consoladoi'a. 
Dejando compensada la amargura 
Que os causó mi imprudencia temeraria, 
Cuando el campo dejé sin vos saberlo, 

PROBO. 

j Ojalá que el amor no te alucine, 

Y logre á nuestro culto convertirla ! 
Esto solo pudiera compensarme 

Las penas, la zozobra que tu ausencia 
A mi pecho llevó, cuando eñ el campo 
Con asombro de todos fué notada ; 

Y á no ser por Ausonio 



¡ Cómo ! . . . ¡ Ausonio ! . 
¿ Pudo faltar á la confianza mia ? 

PROBO. 

Escucha y no le acuses, hijo ingrato. 
Tu proyecto me dijo ; mas el celo 
Que le animaba censurar no debes. 



ACTO Ili, ESCENA IV. 



65 



Si no fuese por él, aun ignorara 
Yo mismo tu destino; y entregado 
A insufribles angustias me vería: 
Si él no te disculpara, tu imprudencia 
En el campo sospechas vergonzosas 
Nacer hubiera hecho . 

LEONCIO. 

Perdonadme, 
Perdonadme, os suplico. Bien conozco 
Que á mi deber falté; pero inocentes, 
Dios es testigo, mis intenfos fueron 

PROBO. 

Tan alto testimonio es el mas santo; 
¡ La divina verdad ! — y él solo basta 
A sosegar del justo la conciencia. 
Pero cual ciudadano buscar debes 
Un testimonio mas, no menos digno: 
La aprobación de todas tus acciones. 
De tal manera que por ellas nunca 
Se cubra de rubor tu noble r'ostro . 
No solamente al Cielo se concretan 
Los deberes que el hombre cumplir debe: 
En la tierra los tiene al mismo tiempo 
Con respecto á la patria; y ella exige 
El sacrificio de ese amor insano 
Que su defensa abandonar te hizo; 



■i 



66 EL FANATISMO DRUIDA. 

Sí, de ese amor con que á tu Dios ultrajas 
Si á la luz de la fé se resistiere 
Aquese objeto infiel que lo alimenta. 

LEONCIO. 

No así me castiguéis, ó padre mió, 

Mis faltas recordándome severo. 

A una infiel, es verdad, mi pecho adora, 

Mas ¡Cómo no adorarla si es imagen ' . 

De la inocencia, centro de virtudes! 

No os ofenda. Señor, esta franqueza 

Con que mi amor confieso sin rebozo. 

Ultrajar á mi Dios nunca he pensado. 

Mi anhelo, mis deseos siempre han sido 

Convertir á su ley alma tan pura. 

A vos os toca terminar la obra. 

Esta obra santa que empezada tengo. 

Cuando oigáis de su voz el eco suave, 

Cuando al verla lleguéis á penetraros 

De las virtudes que en su pejcho moran, 

Sin duda pediréis al Ser Divino 

Que la dicha os conceda de llamarla 

Al pié de los altares hija vuestra. 

C Acaba de oscurecer. J 

PROBO. 

¡ Hija mia ! ¡ Ah Leoncio I ¡ Qué renuevos 
A mi memoria esa palabra ofrece ! 
¡ O Valeria ! ¡ O hija idolatrada ! , 



ACTO til, ESCENA IV. 



69 



Apenas en tu patria la luz viste, 

Apenas en mis brazos cai'iñosos 

De la vida el aliento respiraste, ^ 

Que á mi paterno amor — ¡ Ay ! ¡ con dureza 

Sanguinarios verdugos te robaron ! . . , 

Ignoro do te encuentras; si benigno 

IMis tristes ayes escuchando el Cielo, 

Tu preciosa existencia á salvo puso 

Del furor de brutales vencedores, 

O si airada en mi mal la suerte cruda, 

A la tumba bajaste con tu madre 

j Ah ! ¡ Si á lo menos el postrer suspiro 
Consolado exhalase entre sus brazos! . , . 
¡ Si viniese á cerrar mis yertos ojos ! 



Abandonad memorias tan funestas, 
Tristes recuerdos de pasados males 
Que sin daros, Señor, ningún consuelo. 
Solo embravecen la punzante herida 
Que vuestro pecho paternal rasgando 
Dejó por siempre en él honda amargura. 
Risueña nos convida la esperanza: 
De horrenda muerte en el común desastre 
La Providencia acaso la ha librado. 
Aunque lejos de vos desde muy joven 
Nunca á verla llegué, mucho he sentido 



68 



EL FANATISMO DRUIDA. 



Con fraternal amor su fin funesto. 

Esperemos, Señor; y de otra hija 

Encontraréis en tanto los alagos, 

La plácida ternura, igual cariño 

En la virgen hermosa de la Galia 

Que consuelo será de vuestras penas, / 

TROBO. 

Puede ser.... mas no llegan... acercarse 
Algún temor fundado les impide — 
El Cielo las proteja: mientras vienen, 
El favor del Altísimo in ploremos. 

fSe sienta en uno de los bancos de piedra, ieoncio se acer- 
ca inquieto al lado que sale para la ciudad, procura oir 
si alguno 'viene; y conociendo que nadie se acerca, es- 
clama acongojado y se deja caer en otro banco frente á 
PROBO, manifestando suma agitación.) 

LEONCIO. 

¡ Si no vendrán ¡ ¡ Qué horrenda incertidumbre! ! . . . 

^^í . PROBO. 

(Después de observar á Leoncio un breve instante.) 

Leoncio, querido Leoncio, ten firmeza. 
Del Soberano Juez los altos juicios 
Sumiso acata; su favor implora; 
Y la tranquilidad te dará en breve. 
¡Ojalá que jamas sufra tu alma 
Las penas horrorosas que mi pecho 
]\Lis de una vez rompieron sin clemencia ! 



i 








ACTO III, ESCENA IV. 69 


¿ Y qué auxilio he tenido, cual alivio ? 


1 


La Religión, esa perenne fuente 




¡ 


De que manan consuelos celestiales. 






Ese lazo de amor y de ventura 






Que liga á su Creador al hombre justo. 






Valor ella me dio para sufrirlas, 






Para cumplir fielmente mis deberes. 






Con su ayuda he vencido mis pasiones; 






Y ninguno por sí lo consiguiera 






Sin ocurrir á su divino auxilio. 






En fin, que eres cristiano nunca olvides 






A par que ciudadano: los deberes 






Que tienes como tal de cumplir trata: 






Sean cuales fueren los decretos sabios 






Del Supremo Hacedor, con pecho humilde 






A ellos tu voluntad sujetar debes 






LEONCIO. fLevantá?idosc euage- 
iiaJo de gozo.J 




i 


Padre mió, ya llegan. . . .pasos siento. . . . 






PROBO. (Levantándose con mu- 
cha di lenidad. 






Tus transportes modera; no asi esclavo 






Cobardemente de ti mismo seas. 






, T.EOKCÍO, 






fapai-te.J 




í 


Miradla, ya está aquí....¡ Ah ! ¡ Qué mudada! 

■» ■ 




.- 


^^^^^^H^i£)í? -Á'! .vj^i^issmi^ata^síiií^ítg^mt^támatísm 


-^«?^^?^ 



EL FANATISMO DRUIDA. 



ESCEÍÍA V. 

PROBO, LEONCIO, TEODORA Y LARISA. 

f Estas salen por el lado de la ciudad: teodora á medida 
que se acerca á trobo titubea: iaotício manijiesta su in- 
quietud por acercarse á ella, y que solo se lo impide la 
presencia de su padre. Los reflejos de la luna, que des- - 
de un poco antes se ve entre los árboles, alumbran el 
bosque.) 

TEODORA, (á I.ARISA X deteniéndose 
alver a probo^ 

Las fuerzas me abandonan no me atrevo... 

I.ARISA. 

Animo, triste amiga; no así tiembles. 

PROBO. 

f Después de examinar con mucha atención á Teodora, di- 
ce aparte el prime ' verso j los demás á ella con mucha 
dulzura.J 

En su persona la inocencia brilla. 
Acércate; (i) no temas, joven pura. 
Deposita en mi pecho tus pesares: 
A oirte estoi dispuesto ¡ Quiera el Cielo 
Que mis palabras darte alivio puedan, 
Y tu razón iluminar consigan ! 



Sefior, ¡ tanta bondad!. 



Bien la mereces; 
Jamas se borrará de mi memoria 

( I ) Teodora se acerca á él lentamente y temerosa 



ACTO III, ESCEXA V, 



Que til piedad á Leoncio dio la vida, 
Cuando cautivo por la vez primera 
A este páis herido le trajeron. 
Todo me ha confesado: nada ignoro; 

Y pagai'te ambiciono un beneficio 
De tanto precio para un tierno padre. 

¡ Ah ! ¡ Si el Cielo me hubiese depai'ado 
Otra alma, cual la tuya, generosa 
Que hubiera libertado de la muerte 
Dos seres que mi pecho idolatraba 

Y la felicidad me prometieron ! 
Entonces no llorara, cual hoy lloro, 
Su pérdida funesta — ¡ Esposa mia ! . . . 
¡Valeria, hija querida ¡...vuestras sombras 
]Mis pasos seguirán hasta la tumba, 
Cerrando sobre mí la losa fiia 

¡ Cruel recuerdo ! ¡ No así con tal fiereza, 
De nuevo abriendo tan profunda llaga. 
Mi corazón desgarres inclemente ! 



¡Ah Señor! Vos lloráis de vuestra esposa. 
De vuestra hija la muerte prematura; 
Y en mi mente esas lágrimas despiertan 
Recuerdos dolorosos que al olvido 
Condenar yo quisiera, mas no puedo 
Este alivio siquiera prometerme. 



EL FANATISMO DRUIDA. 



Si á VOS, Señor, os cupo tal desdicha, 
Si esta pérdida os causa tantas penas; 
¿Qué puedo yo decir de mí infelice, 
Huérfana sin ventura, abandonada. 
Que nunca he conocido aquellos seres 
Que la vida me dieron, y que ahora 
Llorar á par de vos sin cesar debo? 
Desde la cuna he sido desgraciada: 
De la piedad á expensas he vivido; 
Y á escepcion de Leoncio generoso, 
De Hildcrico benéfico y Larisa, 
¿Quién hubiera podid(j interesarse 
En mi favor? Nadie; pues nunca, nunca 
De un amoroso padre los desvelos, 
Ni el maternal regazo me arrullaron. 
Jamas mi corazón ha conocido 
Cuan dulce es el decir ¡ queridos padres; 
Por siempre lejos del nativo suelo, 
De los risueños campos de la Italia — 

PROBO. 

i De los campos de Italia ! ¡ Dios clemente, 

Qué oigo ! Hija mia ¡ Ah ! permite 

Te dé tan dulce nombre que á lo menos 

^Mitigará mi pena. Hija querida, 

Por compasión me digas te suplico, 

En que parte de Italia la luz viste. 



ACTO III, ESCENA V. 



73 



TEODORA. 



Me lian dicho que no lejos do se encuentra 
La antigua Capua. 

PROBO, 

¿ Y tus padres siempre 
Allí vivieron ? 

TEODORA. 

No lo sé. 

PROBO, 

¿ Sus nombres ? 

TEODORA. 

Nunca, Señor, los supe ; mas.... 

PROBO. 

Prosigue. 

TEODORA. 

No bien tres primaveras yo cumpliera. 
Cuando mi padre á quien llamó imperioso 
Su deber á Lugdiínun, á la Galia 
Consigo trajo á mi querida madre 

PROBO, 

¡ Cielos ! ¡ Qué semejanza ! Acaba presto. 

TEODORA. 

A consecuencia de una cruel derrota 
Que del profundo Ródano las aguas 
Con sangre enrojeció de los romanos, 
Penetraron los galos en Lugdúnum ; 
Y presa de las llamas, á su furia 



74 EL FANATISMO DRUIDA. 

T al filo vencedor de sus aceros 
Todo acabó. Estas noticias vagas 
Del piadoso Hilderico, quien humano 
De la muerte salvó mi vida tierna 
Desviando de mi cuello el cruel cuchillo, 

Las supe yo mas ¿ Qué ansiedad agita 

El alma vuestra?... ¡Ah! ¿Será posible?. 

PROBO. 

¿ Y tu madre también pereció ? 

TEODORA. 

Nunca 
Hilderico logró ver descorrido 
De mi origen el velo enteramente ; 
Solo algunas noticias recogidas 
Indican que mi madre desgraciada 
Murió también en tan horrendo estrago. 



j Inmenso Dios ! ¡ Qué luz ! ¡ Fatal suceso í 
¡Ay!... Sí... también murió mi amada esposa... 

fCon la mayor emoción pronuncia las anteriores palabras , 
y cae desfallecido en los brazos de leoíício qtie corre, á 
él y le sostiene. Teodora^ larisa se acercan también; 
y todos procuran reanimarle. J 

LEONCIO. 

Padre mió. . . .querido padre mió — 

Abrid vuestros ojos paternales 

Mirad á vuestros hijos que os rodean 



ACTO III, ESCENA V. 



75 



PROBO, ('volviendo poco á poco.J 
jAh!..iAh!.. ¡Qué angustia tan terrible!.. ¿Dónde... 
Dónde están?... Yo deliro... ¿Será sueño?... 

f Reconociéndolos y horrorizado.) 
i Hijos mios, al punto separaos ! 
¡ Sois hermanos!! 

TEODORA. (aU'^rada.J 

\ Hermanos ! 

LEONCIO, (confundido.) 

\ Infelice Mcorta pausa) 
PROBO, fcon dolor y dignidad.) 

Sí, sois hermanos mas ¿Sois inocentes? 

TEODORA. 

(Arrojándose llorosa á los pies de probo. J 

¡ Padre mió ! . . . 

LEONCIO. 

Señor, somos tus hijos 

TEODORA. 



Siempre de la virtud la senda hermosa 
Firmes seguimos con segura planta. 

PROBO. 

(Levantándola con ternura y alegría.) 

¡ O momento feliz! . . . . ¡ Ven á mi seno! — 

TEODORA. 

¡ Padre del alma mía ! . . . . [se abrazan, ) 

PROBO. 



O dulce prenda 



M 



mam 



76 



EL FANATISMO DRUIDA. 



¡ Estréchate en mi pecho ! . , .En ti revivo. . . . 
Mis ojos de llorar por ti cansados, 
Nunca pensé lograran la dulzura, 
La imponderable dicha de mirarte.... 
De bañar otra vez, hija querida. 
Tu pura frente con gozoso llanto. 

(La estrecha sobre el corazon.J 
LEONCIO, f aparte con amargura. J 

\ Ah ! ¡Qué horrible destino me persigue ! 
¡ Entre gozo y dolor sucumbe el alma ! . . . 



PROBO. 



¿ Y es verdad que te encuentro ?....; Dios piadoso ! 
Si aquesto es ilusión, no la destruyas ; 
Deja que hasta la tumba me acompañe..... 

fLa examina como para cerciorarse de que es ella.) 
Pero no ; no me engaño, es mi Valeria: 
En sus ojos paréceme estar viendo 
De su madre el mirar honesto y dulce: 
El noble talle, las facciones todas 

Que en ella delineó naturaleza 

Todo está confirmando mi ventura 

Valeria, mi Valeria, mi alegría, 

De mi amor paternal recibe el sello, 

(La besa en la frente.) 
LEOifCio. (aparte j consternado j 

i Acabó mi esperanza! . . . . ¡ Triste Leoncio ! 

¿ Dónde, dónde hallarás el bien que pierdes ?. . . . 



ACTO III, ESCENA V. 77 

TRODo. fcon dolor. J 
¡ Cuánto acibara mi contento y dicha. 
Veros ansiosos, hijos de mi alma, 
De criminal amor al yugo atados 
Mísera presa de su llama impura ! . . . . 
¡ Padre infeliz ! . . . ¡ desventurados hijos! .... 
De la Augusta y Suprema Omnipotencia 
Reconoced la justiciera mano, 
La infinita bondad.. ¿Con cuál objeto 
Auxilio celestial me prestaría 
Para triunfar con sobrehumana fuer;ía 
Del mas ati-oz martirio ; y á este sitio 
Mis vacilantes pasos ha guiado 
Arrestando peligros inminentes ?x 
Conocerlo debéis : otro no ha sido 
Que separaros del abismo horrendo 
Do incautos el amor os ai'rastraba ; 

Y devolver á mi ternura la hija 

Por quien lágrimas tantas he vertido; 
Para arrancar de sus cegados ojos 
Del error las tinieblas que los cubren, 

Y apagar en su seno el fuego impuro 

En que por Leoncio, por su propio hermano 
Arde su corazón ! 

TEODORA, far/oja/idose á losyiés de 
rRuBO-y) 

Perdón ¡ ó padre ! 



78 



EL FANATISMO pRUIDA. 



Sin saberlo falté — Desventurada, 
Pero no criminal me considero. 
Aceptad mi promesa: si, yo jui'o 
Extinguir en mi pecho el fuego insano 
Que este culpable amor alimentaba: 
Ver en Leoncio un hermano en adelante, 

Y consagrar el resto de mi vida 

Al servicio de un Dios que aun no conozco, 
Pero que vos rae mostraréis benigno. 

LEONCIO. 

f Arrojándose también á los pies de probo, de suerte que 
este quede en el medio. J 

También yo juro, padi'e mió, yo juro 
Por el Dios Sacrosanto que nos oye, 
Eternamente de ella separarme 

Y amarla ausente solo como hermano. 
De mi vida señora es ya la patria : 

Al campo volaré do en su defensa 
Tras la muerte corriendo ó la victoria, 
Ciña el laurel mi frente sin mancilla ; 
O si vos lo queréis, también os juro 
En el centro del árido desierto 
Sepultar mi existencia, mis pesares ; 

Y entre aquellos virtuosos solitarios 
Que en él á Dios consagran sus fatigas, 
En penitencia dura consumirme 
Hasta lograr perdón de mis errores. 



ACTO III, ESCENA V. 



19 



f Entusiasmado, los levanta cariñoso y los abraza. J 

\ Gracias te rindo, Ser Omnipotente ! 

Cá ellos. J 

Mi corazón restauran vuestros votos: 
Nueva vida me dais : al escucharlos 
Mi alma respira celestial consuelo; 

Y que en vosotros la virtud se anima 
Esas protestas santas me comprueban. 
Dignos sois de perdón ; pues inculpables 
Si bien cedisteis ciegos por un tiempo 

A los impulsos de pasión impura, 
Con voluntario crimen no os manchasteis. 
No tan gran sacrificio se os prescribe. 
Que el Cielo al criminal solo castiga. 
Firmes de la virtud seguid las huellas, 

Y en ella encontraréis la dulce calma, 
Huyendo el huracán de las pasiones. 
Con la bondad divina abroquelados, 
Puede cerrar de vuestro amor la herida 
Algún tiempo de ausencia, sin dejarme. 
Sin hacerme infelice, para siempre 

Mi paternal regazo abandonando. 

fá LEONCIO,^ 

En regiones distantes de nosotros 
A combatir irás por nuestra patria 

Y olvidarás pasados estravíos. 



M 



8o 



EL FANATISMO DRUIDA. 



fá TEODORA.^ 

Un arroyo he mirado no muy lejos: 
En él recibirás, hija inocente, 
De nuestra rehgion el signo augusto 
Que borrará tu involuntaria falta. 

Y después que al Eterno gracias demos, 
Cuando la aurora en su rosado cari'o 
Del dia venidero abra las puertas, 

De este pais saldremos sin demora. 
Para que vaya Leoncio á sus legiones 

Y nosotros á Roma dii^girnos. 

(Gran claridad y ruido de pisadas.) 

Mas ¡ Qué luz en el bosque se percibel . . . 

Gente se acerca aquí huyamos presto. 

LEONCIO y TEODORA. 

(Tomando á larisa de las manos en actitud de llevársela.) 

Sigúenos. 

LARISA. (con turbación.) 

¿Dónde me lleváis? ¡ O Dioses ! 
¡Tened piedad de mí! 

PROBO. 

(Retrocediendo al tiempo de irse.) 

l^a no hay remedio, 
El bosque está cercado ¡ Cruel destino ! 

(Abrazando á teodora muy angustiado.) 

¡ Voi á perderos otra vez, Valeria ! 



ACTO III, ESCENA VI. 



(Poniéndose delante, como para defenderlos.) 

Nada temáis, mi pecho es vuestro escudo, 
Y el Principe ha ofrecido protegernos. 
ESCENA VI. 

Probo, leoncio, Teodora, larisa, tacio, Drui- 
das con liacIiones,y Guardias del templo por el 
fondo, derecha é izquierda. 

TACIO. 

Aquí están; mis sospechas fueron ciertas. 

TEODORA, (arrojándose á los pies de tk.ciO.J 

Son mi padre y hermano ; perdonadlos. 

LEONCIO. 

C Asiendo a Teodora por el brazo, y levantándola con en- 
tereza) 

\ Perdón ! ¿De qué ? ¡Valeria! 

TACIO. (á todos, cotí tono amenazador.) 
(á TEODORA.J i Miserables ! 

Retírate de aquí ¿ Cómo por ellos 
Te atreves á pedir ? ( d larisa.) ¡Hija rebelde! . . . 

LEONCIO. 

¡Despótico cobarde, no la injuries! 

TEODORA J- LARISA. (á TACIO, SUplicaudo.) 

\ Ah Señor ! . . . . 

TACIO. (con dureza.) 

Retiraos. 



1 



fc 



82 



EL FANATISMO DRUIDA. 



TEODORA. 

¡ Mi padre ! . . . . 

TACIO. 

' Pronto 

Retírate de aquí, ó al sacrificio 
Te mandaré arrastrar junto con ellos. 

TEODORA, (para sí.) 

¡ Qué idea tan feliz ! Corr-o á salvarlos. [vase.^ 

LARISA. 

No puedo abandonarla. ( la .sigue. ) 

ESCENA YII. 
Probo, leojício, tacio. Druidas y Guardias del 
templo. 

PROBO. 

fLos dos á la vez exclaman con dolor, admirados de verla 
ir con tanta precipitación. J 

' ¡ Hija mia I . . . . 

I.EOHCIO. 

¡ Valeria ! . . . . 

TACIO. 

En vano, en vano la llamáis, 
Inicuos corruptores ; ya vosotros 
No mas ultrajaréis á nuestros Dioses: 
El suplicio os espera; temblad.... 

LEONCIO. 

Tiemblen 
Los aleves cual tú siempre cobardes, 



ACTO III, ESCENA VII. 83 

No los que el crimen nunca cometieron: 
Jamas la muerte aterra á quien la supo 
Mil veces arrostrar con faz serena ; 
Y si libre con armas me encontrara 

Cá LEONCIO. J PROBO. 

Tu cólera sujeta ; no así injuries 
Al Dios que te prescribe perdonarle. 

fá TACIO. J 

No me quitéis de nuevo una hija amada 

Por quien mis ojos tanto tiempo lloran: 

También sois padre, sí, tenéis una hijaj 

Inferid mis angustias por vos mismo: 

A su patria volved una romana, 

Una hermana á su hermano: yo os lo ruego 

Por estas canas que piedad merecen. 

TACio. fcon ironía las tres primeras 

¿ Tu hija ? ¡ Qué delirio ! Si lo fuera, sílabas. J 

Por victima expiatoria con vosotros 
También la ofrecería. A seducirla 
A este sitio sagrado habéis venido. 
Despreciando á los Dioses que indignados 
Vuestra sangre reclaman en las aras. 

LEONCIO. 

¡ Dioses los llamas cuando piden sangre! 
Esos Dioses son falsos, infei-nales, • 

Ningún poder ejercen en el mundo, 
Abortos son de tu loca fantasía. 



84 



EL FANATISMO DRUIDA. 



Invención de tu bárbara ignorancia, 
Pretexto vil para engañar al pueblo 
Y saciar tu orgullo y prepotencia. 
Hechura tuya, ellos cual tú son tigres 
Que baldones y horror solo merecen: 
Feroces, sanguinarios y cobardes.... 

TA.CIO. (furioso.) 

jY temei'ario!... 

V LEOITCIO. 

La verdad ya luce : 
El imperio acabó de la impostura: 
Yo desafío tu impotente rabia. 
Yo que estoi en tus garras, vil verdugo. 
Un Dios de paz y caridad me anima, 
Ese Dios que á ti mismo y á tus Dioses 
Con solo una mirada confundiros 
Por siempre puede en el profundo averno. 
Ese mi Dios su brazo formidable 
Contra tu impiedad dirige airado ; 
Él guardará nuestra inocente vida 
Y en cenizas su diestra vengadora 
Convertirá tu criminal cabeza. 

TACIO. 

¡ Númenes justicieros ! ¡ A este impío 
Cómo tardáis en arrojar el rayo ! 

LEONCIO. 

En vano, ciego, su furor imploras: 



■■■i 



ACTO III, ESCENA VII. 



85 



Oprobio de los hombres esos Dioses, 
Pronto van á caer y tú con ellos 
Precipitados al eterno olvido, 
Quedando enarbolado para siempre 
De nuestra religión el estandarte. 

TACio. f mas furioso. J 

\ Blasfemia horrible ! ! Guardias, arrastradlos. 



¡ Miserable fanático ! ]\Iuy caras 
Te venderé las vidas cpie codicias. 

f Corre al altar, toma el hacha que está en él y la suspende 
sobre la cabeza de tacio. probo corre, y poniéndose en 
medio de los dos, detiene el brazo de Leoncio que ater- 
rado por la voz de su padre, deja caer el hacha en el 
suelo, sin soltarla de la mar. o. Los druidas y guardias 
que han hecho un primer movimiento para defender á 
TACIO, se detienen admirados al ver la acción de probo. 
Todo esto debe ser con rapidez y propiedad, sin confu- 
sión para presentar un cuadro interesante. J 

PROBO, f con prontitud y energía ) 

¡ O hijo mió ! ¡ Tus manos no se manchen 
Con un asesinato!...; Tente,! ¡ Tente. ! 

LEO?» CIO. f aterrado é indeciso.J 

¡ Con un asesinato ! . . ¡IMe horrorizo ! . . . . 

TODOS LOS DRUIDAS Y GUARDIAS. 

¡ Qué heroicidad ! 

vsos. 

¡Que los cristianos vivan! 



86 



EL FANATISMO DRUIDA. 



Probo salvó la vida á Tacio; hora 
Este la debe dar benigno á ellos. 

TACio. (después de un momento de 
turbación é incertidumbre.) 

No, que perezcan. Heso pide sangre, 
Sangre para aplacar su alta justicia : 
Sangre enemiga del audaz romano 
Para vengar los Dioses ofrecimos: 
Yo he jurado de nuevo derrramarla, 
U ofrecerles mi sangre por la suya. 
¿ Y acaso su perdón alcanzaría 
La infracción de un solemne juramento ? 
No, jamas ; conducidlos. 

LEONCIO, (despechado.) 

Padre amado, 
Ved de vuestra piedad la recompensa; 
El malvado respira y yo al suplicio 
Con vos soi arrastrado ¡ O Dios justo ! 
¿ Cómo así permitís que triunfe el crimen ? 
¡ Qué desesperación ! \ Qué horrible angustia ! 

PROBO. 

Tus transportes reprime, y resignados, 
Victimas de expiación, al Ser Supremo 
Sumisos ofrezcamos nuestras vidas. 

TACio. (con imperio.) 

Todos obedeced. 



ACTO IIIj ESCENA VIII. 



C Los guardias y dríadas titubean^ mirándose unos a otros 
como indecisos. J 

TROBO. fá LEONCIO en tono solemne.J 

¡Dios nos espera! 

LEONCIO, f levantando el hacha. ) 

Aun puedo defenderos y vengarnos. 

rROBO. 

El cielo lo prohibe, vamos hijo. 

LEONCIO f arrojando el hacha. J 

I Dios de ])ondad ! ¡ O padre ! ¡ O Valeria ! 

('Se disponen á marchar al altar, j- los cercan los guard'.üs 
y los Druidas, uno de los cuales recoge el hacha j la po- 
ne sobre el ara: ú este tiempo se siente un confuso ru- 
mor j pasos como de mucha gente que se acerca con ve- 
locidad. J 

ESCENA Yin. 

Probo, leoncio, tacio, Druidas, Giiardia.s, Teo- 
dora y LARISA. 

TEODORA, 

f saliendo precipitada y arrojándose en los brazos de prubo.^ 

¡Padre mió, hermano, ya estáis libres! 

TACIO. 

Sacerdotisa indigna ¿ qué profieres ? 
('á los druidas. J 

Separad de ese infame á la perjura ; 
Y preparad la hoguera do arrojada 
De su crimen horrendo halle el castigo 



EL FANATISMO DRUIDA. 



¡ Qué tropel se aproxima ! . . .¿ Qué aguardáis? 
A las aras llevadlos. 

ESCENA ULTBIA. 
PROBO, Lío^-CIO, TACio, DviUdas, Guardias, teo 

DORA, lARiSA, HiLDERico, guerrews X pueblo 

con luces. 

HILDERICO. 

Deteneos : 

(Los druidas j los guardias hacen un mo-vimiento de terror 

á la voz del Rey, j quedan como petrificados. J 
Temblad si os atrevéis á dar un paso, f corta pausa. J 

fá TkClO.J 

Y tú que cual ministro de los Dioses, 
Mi soberana autoridad por todos 
Hacer debieras fuese respetada, 
¿ A ultrajarla te arrojas, insensato, 

Oponiendo tu orgullo á mi clemencia? 

¡ Sacerdote frenético ! . . . . 

TACIO. 

¡ Iluso ! 
¿De los Dioses la cólera no temes? 

HILDERICO. 

Los Dioses no autorizan el delito. 

TACIO. 

¿Y arrostrarlos te atreves, oponiendo 
A su suprema voluntad la tuya ? 
i ¡ Tiembla que tu impiedad ! 



mmmm^amjmr 



ACTO III, ESCENA ULTIMA. 



89 



HIIJIERICO. 

Nunca he temblado, 
Tiembla tií que i'ebelde me provocas. 
¿ Adonde tu soberbia te conduce ? 
¿ Imaginas acaso que tan débil, 
Que sea tan fanático Hilderico, 
Que á tu rencor inmole la inocencia, 

Y á tu querer altivo el cetro humille ? 
¿ Que á tu ferocidad sacrificase 

I>os sentimientos nobles de su pecho, 
¡ La gratitud ! virtud la mas heroica. 
La mas digna del alma de un Monarca ? 
¿Tal vez pensaste, di, que de Gran Druida 
El alto ministei'io te faculta. 
Te da poder bastante, soberano 
Para pisar impune mi corona ? 
Yo probarte sabré que mi justicia 
También castiga audaces sacerdotes ; 

Y que jamas arrostra impunemente 
La rebelión mi espada vengadora : 
Abatir yo sabré tu loco orgullo. 

Los Dioses por mi boca te condenan. 
Al punto sal de aqueste sacro bosque. 
Del augusto recinto que profanas. 
Como Rey de los galos te destierro ; 

Y como protector de nuestro culto 



i'^Hyfi 



90 



EL FANATISMO DRUIDA. 



De tus altas funciones te despojo. 

En tu cabeza otros escarmienten 

y nuestras leyes con respeto acaten. 

Rey soi de un pueblo generoso, libre ; 

Sacerdotes despóticos no quiero ; 

Quiero que de hoy por siempre el Jefe Druida 

La soberana autoridad respete. 

TACio. (furioso. ) 

A los altares tu poder no llega.... 

wxo^fCíCQ. [con mucha firmeza y 
dignidad.) 

¡Basta! ,■ -^.i' ' H-»"-^ 

TACio. ( aparte y sofi-icado. ) 

¡ El furor embarga mis sentidos ! . . • . 

(Se apoja en uno de los druidas que le rodean. J 

HILDERICO. (á rPOBOJ LEONCIO.J 

Amigos, ya podéis partir sin riesgo, 

Y á Valeria llevar á vuestra patria. 
Todo lo sé : los Dioses la protejan 

Y sus altas virtudes recompensen. 

En alas de su amor llegó á tiempo 4^^;; mud:: 
Para hacerme saber vuestro peligro, 

Y con palabras breves informarme 

De vuestro encuentro y dicha inesperada. 
En devolver una hija me complazco, 
Tan virtuosa, tan digna de mi estima 
Al padre respetable á quien la entrego. 



ACTO III, ESCENA ULTIMA. 



91 



Hasta llegar de Roma á las fronteras, 
De mis guerreros os daré una escolta 
Que á cubierto os pondrá de todo insulto. 
Adiós, familia digna de mi aprecio : 
No olvidéis que dejáis en mí un amigo 

TACIO. 

f Volviendo furioso del estupor en que queda. J 

¿ Y asi me ultrajas sin respeto? j Dioses ! 

¿ Y sufrirlo podéis sin que á la nada 

Vuestro rayo tremendo le reduzca ? 

¡ Que desesperación ! ¡ Crimen horrendo ! 

De los Dioses la cólera terrible 

Descenderá veloz sobre la Galia, 

Sí, hambre y sed, esclavitud y muerte : 

Sagrado fuego lloverá sobre ella, 

Y todo convirtiéndolo en cenizas. 

Borrada quedará de entre los pueblos...., 

¡ O sacrilego Rey, yo te maldigo ! 

HiLDERiCQ. (hecha mana al acero j 
se contiene. J 

¡ Ministro audaz ! . . , . 

TACIO, 

¡Maldito una y mil veces!,,... 
La hora fatal sonó del exterminio : - ,:.;í¿,.;. .-.r 

Ya en mi oido resuena de los Dioses í3vio/&f : 
El eco pavoroso y tremebundo..... -- ■-- — ■ -:■ - - 
Cúmplase el juramento...,; Sangre!.,. ¡Sangre!.... 



g1 EL FANATISMO DRUIDA. 

El rayo vengador su diestra empuña, 

Y á confundir la Galia se prepara 

¡ Númenes de piedad ! Compadeceos : 
Al pueblo perdonad ; es inocente. 

( d los guerreros de hilderico. ) 

Vuestro })razo, guerreros, me sostenga, 

Y socorro negando al Rey impío, 

Y con lealtad cumpliendo vuestros votos. 
De los romanos corra la vil sangre: 
Obedeced mi voz, prestadme ayuda. 
Los Dioses defended y sus ministros ; 

¡ Temed de lo contrario su venganza ! 

HII.DERICO. [con fuerza y dignidad.) 

No son rebeldes ni cual tú traidores; 

A sus guerreros. 

Cumplid vuestro deber guerreros fieles. 

( Los guerreros cruzan las lanzas contra los druidas j guar- 
dias, y los cercan. ) 

TACio. ( á los guerreros con la 
major exaltación. ) 

¡ Perjuros ! ¡ Las Deidades os confundan ! 
¡ Yo solo cumpliré mi juramento !.. . 
¡ O Dioses ! ¡Perdonad al pueblo iluso! 
¡ Mi sangre recibid en holocausto ! 
¡ Borrad con ella su perjurio!.... [Se hiere con el 
citchillo sagrado que cuelga de su cintura.) ( i ) 
( I ) TAcro, después que se hiere, queda reclinado sobré 



ACTO III, ESCENA ULTIMA. 9 3 

LA RISA. 

¡Padre!.... 

HiLDERico, PROBO y LEONCIO, (Jiorrorlzados.') 

¡ Horrendo fanatismo !! 

TACio. ( moribundo. ) 

¡Piedad, Dioses!.... 

Ya os satisfice ¡ Ojalá mi muerte 

Pueda aplacar vues...tro furor... divi... no! 

{Muere.) 

FIN. 



el altar: todos, al ver que se va á herir, hacen ademan 
de iinpedírselo y no siendo ja t'.empo, le sostienen algunos 
Druidas; jyiA'kxsx arrodillada á sus pies baña con su llanto 
una de sus manos. Todo esto debe ejecutarse con viveza 

j orden, tomando hii.d"erico, probo, Leoncio, teodoraj' 
demás personajes la actitud propia de cada uno, según sus 
sentimientos y posición, para que forme el todo un cuadro 

final expresivo, patético j pintoresco. 




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